Primera persona que habló castellano en el Parlament

Ben Trovato, EntreVistas

ROSA PÁRQUEZ

PRIMERA PERSONA QUE SE ATREVIÓ A HABLAR EN CASTELLANO EN EL PARLAMENT

 

Una entrevista de Pepe Mínguez.

Rosa Párquez nació en Utrera (Sevilla), desde donde emigró con su familia a Barcelona en 1960. Se crió en El Carmel(o), una charneguilla más correteando por las empinadas calles del barrio o jugando a la comba en sus solares. Allá por el año 1982, decidió visitar el Parlament de Cataluny(ñ)a en unas jornadas de puertas abiertas. Convergència, por si no lo saben, ya se había instalado en el poder, del que no la sacarían en 23 años, ahí es nada. Lo curioso es que en el Parlament, en el templo de la democracia catalana, nadie hablaba castellano. O sea, que nadie hablaba el idioma de la mitad (o más) de la población catalana. Cualquier atisbo de articular palabra en esta lengua era inmediatamente fulminado. Un espeso manto de miedo se extendía sobre todo lo que oliera a Cervantes. Hasta que llegó ella y como quien no quiere la cosa, va y dice:

“Me gustaría encontrar los lavabos, ¿zabusté? Es que esto es una enormidad”

-Dinos, Rosa, ¿qué sucedió entonces?

-Pues que se lió parda. Para empezar, un señor muy emperifollado y con cara de mala leche, que decía que era diputado, me suelta:

-Sóc Carles Pladefonolls i Masriera, de Convergència i Unió.

-Y yo Rosa Párquez, mucho gusto.

Veig que és vostè una nostàlgica del Franquisme.

-No señor, yo sólo siento nostalgia de mi pueblo.

-Vaja, quan era jove el personal de servei mostrava més respecte.

Y se alejó de allí bastante cabreado. Luego vino una tropa de ujieres y fui inmediatamente trasladada a un cuartito, a un reservado. Allí, uno que llevaba en el cierre de su reloj una pegatina con la bandera catalana, me pidió el carné de identidad. Después de amenazarme con llamar a mis padres, me suelta:

“Però tu… que t’has cregut?”

-Yo le dije que no, que no me creía nada, que es que así hablábamos en Utrera, y también en El Carmel(o).

-“Però això és Catalunya, sents? Ca-ta-lu-nya”

“Pero bueno” -le dije- “¿Utrera y el Carmel(o) y Cataluny(ñ)a no vienen a ser todo la misma cosa, señor guardia?”

Entonces al ujier se le empieza a poner la cara oscura. Y del oscuro pasa al morado. Y del morado se queda blanco como un mantel.

“Però com va a ser el mateix, desgraciada? Som ca-ta-lans”

-¿Y entonces qué pasó?

-Mis respuestas fueron inmediatamente calificadas como “inapropiadas (tercer grado)” y fui trasladada a las instalaciones carcelarias del Parlament, una pequeña celda habilitada para casos de delito en sede parlamentaria. Allí permanezco retenida durante veintiséis horas.

-¿Pero eso no es ilegal?

-Legal, ilegal… El caso es que yo había cometido un terrible sacrilegio: hablar en lengua extranjera en el templo de la soberanía catalana… Durante mi cautiverio, se desarrolló una intensa campaña para conseguir mi liberación.

-¿Recuerdas esa campaña?

-Sí, casi todos eran catalanes, pero de izquierdas. Mis vecinos no se movieron del barrio, ocupados como estaban en comer patatas bravas y escuchar a Los Chichos. La gente se concentraba delante del Parlament y gritaba consignas: “Freedom for Párquez”, decían unos. “No saber catalán no es un delito. Ya aprenderá”, gritaban otros. E incluso se oyó: “No encarceléis a nuestros jardineros”. La verdad es que me sentí emocionada.

-¿Y después que ocurrió?

-Fui liberada tras una intensa gestión del Colegio de Abogados. Y mi caso llegó a instancias judiciales.

-¿Y en qué acabó todo?

-Pues los jueces decretaron que había libertad para hablar castellano en el Parlament de Cataluny(ñ)a. Pero como la sentencia la dictó el Constitucional, la Generalitat y los partidos nacionalistas catalanes alegaron que “ens passem la sentència pel forro del collons”, y pasaron aún varios años hasta conseguir la normalización del castellano. Pero con el paso del tiempo, se consiguió.

-¿Quiere decir algo más?

-Sí. Que estoy embarazada y que mi bebé se va a llamar Oriol García i Párquez. Que yo ya me llevé mi susto, y no es cuestión de que el niño venga al mundo a sufrir. Hala, con Dios.

-Gracias, Rosa. Impresionante testimonio humano.

 

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