¿Y qué culpa tiene la estaca, si la rana salta y se ensarta?

Ben Trovato, Okupas Ilustrados, Yardagán

Los detractores ya pueden decir misa en latín, pero a mí nadie me quita que un braguetazo bien dado es mil veces más republicano y democrático que cualquier fortuna a través de herencias de Familia.

Mejor no quiero ni pensar la vida en esas naciones bárbaras de por allá, donde si el rey moría, con él enterraban vivas a sus viudas y a todas las mujeres solteras de la casa. Igualito también hacían en las grandes familias de los más prominentes y barrigones hombres de esas tierras salitrosas. De verdad que no concibo mayor prueba de barbarie: ¡Un país sin viudas! ¡Un país sin jóvenes y feas herederas!… No le veo el sentido; no le encuentro la razón de ser; me ofusco, me indigna semejante injusticia… ¿Dónde queda ahí entonces el mérito personal, dónde la movilidad social…?

Aquellos no son países para muchachos valerosos y osados, sin complejos y con determinación, con talento y don de gentes, con un saber estar y un saber meter, dispuestos a todo en aras de sus más hermosos anhelos. Y por la otra parte, ¿qué milagro más bello que una viuda a la que creían sin consuelo y resulta que era que nadie se lo había sabido pedir? Si un huevo quiere sal, ¿quiénes somos nosotros, pecadores y charnegos todos, para negárselo inmisericordes?

Asimismo no comparto la doctrina política según la cual una joven con pocas gracias pero excesivas rentas para gastárselas ella sola no pueda encontrar un amor valeroso y osado. Ni fea, ni no fea: toda persona humana tiene derecho a que la eduquen a través de la pasión. Y aquí no nos vamos a olvidar de la igualdad de género: ¿quiénes somos nosotros, charnegos y perseguidos, para burlarnos por cornudo de un pobre divorciado ya canoso que ahora reverdece con una muchachona risueña y veleidosa quizás de allende los mares? Todos esos son puros prejuicios, la vida es mucho más sencilla y siempre puede ser maravillosa. Si a ti te sobra justo lo que a mí me falta, y a ti te falta justo lo que a mí me sobra, de verdad que sería una afrenta al Destino y todo lo que es Bueno, Justo y Bello, que tú y yo no nos arrejuntemos libre y felizmente. La vida es así. Yo de verdad que soy un firme partidario de la idea de justicia social y redistribución por medio del amor.

Un braguetazo bien dado no sólo es mil veces más republicano y democrático que el sistema de herencias, rentas y crédito financiero para unos cuantos, sino que en verdad representa a la perfección los valores de la Revolución Francesa: Libertad, Igualdad y Fraternidad a través de la Jodienda. Y si de democracia va la cosa, antes que el antonomásico precepto de “un hombre, un voto”, yo encuentro mucho más democrático alguno que diga “una viuda, un hombre valeroso”, “una joven y fea heredera, un hombre osado”. No digo yo que necesariamente tenga que ser el mismo hombre, pero tampoco hay porqué trazar líneas rojas; a lo mejor los hombres y las mujeres todavía tenemos que aprender muchas más lecciones de la Madre Naturaleza; del gallo y las gallinas, por ejemplo; o también, por qué no, de las hembras macacos y su divertida y salerosa poliandria.

Republicanismo. Democracia. Este sí que es el verdadero empoderamiento de las gentes: el poder ecuménico y popular de la bragueta.

Estoy segurísimo que de aquí a 1000 años el mundo ya habrá superado esta etapa de desigualdades tan fieras e inhumanas, y entonces en muchas plazas se erigirán estatuas a los grandes adalides de la igualdad de nuestros días. Lo malo es que muchos de tales héroes somos más bien anónimos. Pero el nombre nuestro es lo de menos, lo importante es nuestra misión civilizatoria y redistributiva. En la antigua Atenas, por ejemplo, hasta le tenían consagrado un templo al “Dios desconocido”. En el futuro (para rendir tributo a los que entonces serán vistos como “Padres Fundadores” de aquel sistema de una sola raza mestiza y de tanta igualdad y jodienda para todos), perfectamente a una estatua ubicua que pretenda simbolizar a todos aquellos valerosos y osados adalides anónimos la podrían llamar: <<El macho que educa>>. O la estatua también de <<La mujer que castiga y premia>>. Yo soy un partidario convencido de las bondades de reconocer los Méritos.

Pero por suerte España no es un país bárbaro de aquellos. Aquí hay libertad para fraternalmente igualarnos cualquiera con cualquiera en una cama, por el suelo mismo o contra un árbol discreto. Aquí las viudas tienen todos sus derechos. A las jóvenes herederas, no les falta ninguno. Y los inmigrantes, quitando a los chinos, también tenemos los nuestros y bien que los hacemos valer con ardor y gallardía en el juego de la vida cuyo truco último siempre es el amor.

La amiga mía que es editora de Charnego News me pidió el favor de que contara aquí todas mis peripecias, salvo alguna cosa… Me dio total libertad, indicándome eso sí que la figura de aquel Braguetero Mayor, el Pijoaparte de Juan Marsé, habría de servir de guía e inspiración; que de las “Últimas tardes con Teresa” (y a mí Teresa me la endereza) debía sacar el aroma y el enfoque. Yo esa novela la leí hace muchos años, y ya casi lo único que recordaba era lo mucho que me había gustado. Le pedí a mi amiga que me invitara a unas copas en su casa para, además de mojar la palabra, refrescar la memoria. Al final, de la novela no hablamos tanto, pero lo poco que alcanzó a decir con coherencia me parecía muy cercano y natural, muy mío. Ella insistía en hablar de Clases, reivindicaciones y charneguismo, sin embargo yo no lo veía tan así, no del todo, no hasta allá tan lejos, aunque creo que en el fondo coincidíamos plenamente: no era lo mismo, pero era igual.

Nos quedó pendiente profundizar más en esa conversación. Fue que mi amiga, con las copas, las risas y las felices mentiritas de verdad, supo apreciar bien mi talento y determinación, mi don de gentes, mi saber estar, mi saber meter, y ya ella tampoco quiso hablar más de política: obras son amores, y no buenas razones.

Ya el próximo día, queridas amigas, comenzaré a contar en esta columna mis peripecias republicanas y democráticas, no sólo de aquí, sino de allá en la islita del Caribe de donde soy y tuve que salir huyendo una aciaga madrugada.

Más adelante les pasaré también mi número de teléfono y mi email, para cualquier consulta o necesidad de urgencia.

¡Salud, dinero, amor y república!

 

 

Yardagán.

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