La herencia franquista de la escuela catalana

Farragüas, Los Pijoaparte

Hace unos días escribí sobre mis tiempos de primaria en el Colegio Nacional Ruiz de Alda —Ahora CEIP Carmel—. Sí, en aquellos tiempos del franquismo los charnegos hacíamos primaria hasta octavo, hasta los 14 años. Mano de obra barata. Eran los que iban a las academias privadas o a los colegios de la Iglesia los que querían escapar de la condena obrera. Yo tenía unos primos por la calle Conca de Tremp que siempre fueron a privadas y, claro, hicieron bachiller. Tampoco es que eso garantizase nada, pero daba alas. Mi padre, recién llegados que estábamos y con una mano delante y otra atrás, dijo <<pa lo que van aprender, al colegio nacional, que es gratis>>. Sentenció y p’allá.

A pesar de las hostias, los tirones de patillas, los reglazos y demás, mis recuerdos son… cada día más dulces y el olvido se llevó solo la mitad y una sombra aún… ¡Coño! Me he puesto nostálgico con el Serrat, el niño bien del Poble Sec que un día cantaba a los charnegos y otro a los pijillos catalanes (ya sabéis, la tieta y esas tontás)… Como decía, mis recuerdos de la escuela son más bien nostálgicos y decadentes.

Al principio en el colegio nos hacían cantar el “Cara al sol” por las mañanas, pero la cosa era relajada, tanto que a mediados del segundo año se olvidaron. No parecían, aquellos maestros, muy afectos al Régimen; vamos, que no eran franquistas. Con los años, cuando Patxi Andión cantaba aquello de “Con el alma en una nube / y el cuerpo como un lamento / llega el problema del pueblo / llega el maestro…”, me acordaba de ellos. Nunca sentí que me quisieran imbuir un pensamiento franquista. Supongo que porque el franquismo estaba en las últimas, porque el Carmelo era el culo del mundo y porque la mitad de ellos estaban allí  desterrados y la otra mitad hartos. Vamos, que yo fue salir de primaria, ponerme a trabajar y descubrir que tenía conciencia de clase, de clase charnega.

Con los años fueron mis hijos al colegio y ya la cosa había cambiado mucho, ¡pero mucho! Ciertamente ya no hay hostias consagradas ni sin consagrar, no hay reglazos ni tirones de patillas. Es todo más civilizado pero el control más sutil y efectivo.

Y no, no hablo solo del cambio de lengua; es verdad que el franquismo dejó al catalán fuera de las aulas, al menos de las aulas públicas; en cambio en colegios privados o eclesiásticos sí que se enseñó; paradojas de la vida: justo allí es donde seguramente iba buena parte de los catalanes más afectos al régimen… franquista. También aprendían francés e inglés. Donde está la pela se nota. Y así seguimos.

Lo de la lengua es lo que es, un medio para un fin. Y si el franquismo usó el castellano políticamente, parece que el nacionalismo hace lo mismo con el catalán. Ambos, nacional-católicos. Ambos, con un destino en lo universal. Ambos quieren ser: una, grande y libre. Ambos, el nacionalismo catalán y el falangismo, coinciden en la patria como elemento superador de las diferencia sociales. Ambos consideran traidores a los que no coinciden con sus postulados: ¡antipatriotas!… Esa es la impronta franquista en el nacional-catalanismo.

Como estaba yo, en aquella época, en plan progre, se me ocurrió meterme en el APA (AMPA) para los adelantados —y ciertamente podrían haberlo llamado AMA, pues había más madres que padres—. Total, que se me ocurre añadir, en el consejo escolar, a la propuesta de dar inglés desde P5, que también se diera español (o castellano, como gusten). Se desencajaron caras, se escucharon murmullos y sobre todos la contundencia de la comisaria lingüística: “ja el parlen massa al pati” (ya lo hablan demasiado en el patio). Quiso ella ser directora pero los padres y algunos maestros frenamos sus ambiciones y elegimos a Mari Cruz, maña ella, abnegada profesora, maravillosa persona y la mejor directora que tuvo el colegio. “Enseñar es una vocación, es dar. Adoctrinar: militancia e imposición”. Los comisarios lingüísticos le hicieron mobbing: la putearon tanto que hasta se afectó su salud. Hoy está felizmente jubilada.

Pero al procés no le importan las personas, sólo su Arcadia con fuentes de leche y miel, donde no tenemos cabida la disidencia. Cielo vetado para los charnegos, salvo excepciones como Rufián o Reyes, tontos útiles, advenedizos buscando sobras, mamporreros del nacionalismo, charnegos agradecidos…. Otro día hablamos de ellos.

Los profesores de la escuela en Cataluña son militantes activos del nacionalismo —salvo honrosas excepciones—. Es la profesión donde el porcentaje de secesionistas es más alto. No tengo datos exactos pero aventuraría que más del 80%. Es el resultado del arduo trabajo en su formación y en la selección. Y los que sufren las consecuencias son los niños.

Sea, pues, éste un homenaje a Mari Cruz, en estos tiempos de rebeldías de salón, de desafíos a la igualdad y a la solidaridad, de involuciones romántico-retrogradas.

Hoy no estoy demasiado fino, ¡la china que me pasó Boquica no me sentó nada bien! Otro día sin contaros la orgía en casa de Federico. El próximo día, ¡palabra!

Farragüas.

Carmelo, 4 de agosto de 2016.

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