Franco y la inmersión lingüística

Ben Trovato, EntreVistas

Franco: “Me encanta la Inmersión Lingüística. Yo la practicaba mucho en mi época”

Hay muertos que están muy vivos. Por lo menos eso afirman quienes dicen que la sombra de Franco es alargada y que su herencia sigue muy presente en la sociedad española, sobre todo en ciertos sectores. La situación política catalana parece agravar esta coyuntura, y el Valle de los Caídos -otrora un lugar remoto y olvidado- anda revuelto, emite señales de alarma, los muertos se revuelven en sus tumbas, y entre ellos, el antiguo dictador que gobernara el país con mano de hierro durante cuarenta años. Nuestro equipo periodístico viajó hasta allí, y logramos contactar con el “generalísimo”, que no da crédito ante lo que está ocurriendo en España. Esto sí que es periodismo de investigación, y no las zarandajas a las que nos tienen acostumbrados. ¿Qué ocurrió? Básicamente, que el dictador se moría -literalmente- por hablar, y que a nosotros, vista la situación actual, nos corroían las ganas de hacerle preguntas comprometidas: ¿Las cosas no quedaron tan “atadas y bien atadas” como había vaticinado? ¿Qué le parece lo que está pasando? ¿Le dan ganas de entrar por la Diagonal por segunda vez? Y se produjo el milagro: Una entrevista. Si es que cuando los astros se alinean, ni la muerte ni el más allá consiguen impedir el buen periodismo.

-Charnego News: La verdad, le vemos muy sonriente para lo grave que está la situación en Cataluña.

-F: Quite, quite. Ustedes no saben lo que es “gravedad”. Gravedad es estar rodeado por cincuenta rojos en el frente del Ebro, armados hasta los dientes, llenos de chinches y con un hambre de aquí te espero. Me río yo de Cataluña, de los soberanistas y del sumsum corda. Lo que pasa es que hay mucha nenaza.

-Ch-N: Hombre, objetivamente la situación en Cataluña es mala: radicalización política, fractura social, desafío a la legalidad…

franco-y-sardanas-F: Pues yo no la veo tan mal, oiga. En el fondo, los independentistas no son mala gente.

-Ch-N: ¡Pero qué me dice!

-F: No se extrañe, hombre. Tenga en cuenta que la mayoría vienen de buenas familias catalanas, con las que me llevaba más que bien. Muchos son nietos de aquellos que me aclamaban cuando entré con mis tanques por la Diagonal o cuando me recibían por esos pueblos de Cataluña, bailando sardanas o montando Castells. ¡Qué tiempos aquellos! ¡Qué magnífica recepción, la que me dispensaron en la Diagonal! Se notaba que me anhelaban. Aquellos brazos en alto…

-Ch-N: No me lo puedo creer.

-F: Incluso los hay que descienden de aquellos alcaldes carlistas y falangistas que puse a dedo en Berga, en Vich (uy, perdón: Vic)… Si es que, aunque hagan mucho ruido, son gente como yo, gente de orden: los Vila d’Abadal, los Llach…

-Ch-N: ¿También los Llach?

Sí, hombre. A los Llach, por ejemplo, les salió un cantante rojillo. Pero no mucho, no se vaya usted a pensar.  Porque tengo entendido que le han elegido Procurador en Cortes, como se decía en mi época. Y además es empresario de vinos. Qué bueno: empresario y rojo. Si no lo veo, no lo creo. Es que cuando yo vivía, los rojos eran distintos.

Ch-N:  ¿Distintos?

F: Totalmente. Para rojos, los charnegos. Ésos sí que le tocaban a uno lo que le cuelga. Sí, hombre, esos desarrapados que llegaban a Barcelona en “El Sevillano”, con sus maletas de cartón… Pronto me empezaron a montar huelgas de tranvías y sindicatos… Pues fíjese usted lo que es la vida, justamente éstos, que eran los que más me preocupaban, son los que ahora menos se les oye, gracias a los “Coros y Danzas” que montan los chicos del ‘Procés’ cada dos por tres.¿Ve cómo no son mala gente los independentistas? Hasta en algunas cosas coincido plenamente con ellos.

Ch-N: Que alguien me pellizque, que estoy soñando.

franco-y-castellers-F: Que sí, hombre. Fíjese, por ejemplo, en la inmersión lingüística. Me encanta. De hecho, yo la practiqué durante mi mandato desde el primer momento. ¿Qué es eso de que los padres puedan elegir la lengua vehicular de la educación de sus hijos? ¡Aquí se hace lo que dice el Régimen!

-Ch-N: Hombre, visto de esa manera…

-F: La cosa funcionaba así: yo cogía a los niños de Vich, de Guipúzcoa o de Pontevedra y los metía en una escuela donde el profesor hablaba un idioma del que no tenían ni puta idea. Nada que ver con lo que hablaban en casa, con la lengua con la que pronunciaron sus primeras palabras, la que hablaban con sus seres queridos. ¡A tomar por culo!

-Ch-N: Pues no me parece nada bien, la verdad.

-F: No se atribule. Piense que era por su bien.

-Ch-N: ¿Por su bien? Al principio no se enterarían de nada, pobrecicos míos.

-F: Hombre, algo de castellano habrían oído. Que hasta en Vic habría guardias civiles, digo yo. No sé… palabras como “Mecangüendiós”, “Alto a la guardia civil”… ya sabe.

-Ch-N: No me convence.

-F: En todo caso, le repito que era por el bien de los niños. Tenían que hablar la lengua de sus gobernantes; la lengua que los convirtiera en ciudadanos útiles. No les podía dejar que hablaran en sus idiomas de andar por casa.

-Ch-N: Pero estarían desorientados.

-F: ¡Y tanto! Tenía que ver la cara de los chavales los primeros días de curso. ¡Eran un poema! Parecían zombis: no se enteraban de un pijo. Los pobres ansiaban la hora del recreo como un yonqui desea una dosis. Al menos para poder hablar y entenderse como les diera la gana. 

-Ch-N: Vaya panorama.

-F: En todo caso allí estaban los profesores, los directores de escuela, mis subordinados, en definitiva, para cumplir con su deber: ser el brazo armado del Régimen. Y  vaya si lo hicieron bien. ¡De hecho, eran peor que yo! ¡Que les fuera algún padre a toserles, que alguno se atreviera a “sugerir” que lo natural es que en la escuela recibieran la educación en la misma lengua que  hablaban en casa! ¡Es que se llevaban una ostia! ¡Qué lealtad, qué entrega! Los tenía bien enseñados. Tengo entendido que estos chicos, los independentistas, siguen el mismo sistema. Bueno, no: el mismo, no. Creo que lo han perfeccionado.

-Ch-N: ¿Y eso?

Sí, porque además del personal docente, incluso hay asociaciones de padres que se suman a esta sana labor de policía lingüística. Creo que les llaman “hampas”.

-Ch-N: No. Creo que se refiere a las Ampas. Sin “h”. Am-pas.

-F: Vale, da igual, luego me lo explica. Pero eso no es todo: estos chicos, si algún padre díscolo -lo que se dice un rebelde asqueroso- osa poner en duda la lengua vehicular de la escuela, no le hacen nada. Yo los hubiera fusilado al amanecer, claro, pero ellos son demócratas… Es decir, son más finos: Si el rebelde reclama a un juez, y éste le da la razón…

-Ch-N: ¿Entonces?

F: Entonces… ni puto caso. ¡A tomar por culo la legalidad democrática!. En esto se parecen a mí: yo hice lo mismo hace muchos años, cuando era joven, un 18 de julio… ¿Qué es eso de que un juez me tenga que decir lo que debo hacer? ¡Si tengo el Poder! Creo que ellos lo llaman “passar-se les sentències pel forro dels collons”. ¿Lo digo bien?

-Ch-N: Pero hombre, eso no puede ser…

-F: Con todo esto quiero decirle que en detalles como este de la educación, veo que Cataluña va por el buen camino, que mi legado político no se ha perdido del todo. Por eso descanso tan bien en el Valle de los Caídos. Vamos, que no me remuevo en mi tumba, como dicen las lenguas de triple filo. Así que dejen de meterse con los soberanistas y los independentistas, que tan malos no serán cuando siguen algunas de mis geniales ideas. ¿Capici?

Ch-N: Quién lo iba a decir. Francisco Franco, impresionante testimonio humano.

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