Pedro Sánchez, armado con un fusil, se atrinchera en Ferraz y toma varios rehenes

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“Malditos, sólo me sacaréis de aquí con los pies por delante”, grita el secretario general del PSOE a los críticos que rodean la sede socialista.

Tras perder todas las elecciones que se podían perder; tras ignorar y ningunear las advertencias del sector crítico, y, finalmente, tras la dimisión de la mitad de la Ejecutiva, Pedro Sánchez ha dado una nueva vuelta de tuerca, haciendo entrar la crisis del PSOE en una nueva e inquietante fase. El todavía líder socialista, armado con un fusil de asalto AK-47, ha irrumpido esta mañana en la terraza de la sede del partido, y allí se ha hecho fuerte junto con varios rehenes, supuestamente  pertenecientes a la Federación Socialista Andaluza (FSA), la más crítica hacia su gestión. Inmediatamente, las fuerzas de orden público se han personado en la calle Ferraz y han conminado a Sánchez a deponer su actitud, pero han sido recibidas con todo tipo de imprecaciones y maldiciones. “En castellano no se conjuga jamás el verbo dimitir y no seré yo el primero que lo haga” o “que dimita Mariano” han sido algunos de los improperios que se han oído desde la terraza.

La policía está en estos momentos tratando de negociar la liberación de los rehenes, pero el responsable policial ha admitido que “las negociaciones son arduas. Más que nada por las exigencias del secuestrador, que consideramos desorbitadas”. Al parecer, Pedro Sánchez exige, a cambio de liberar a los secuestrados, que la policía le entregue a la líder del PSOE andaluz, Susana Díaz, para un “cara a cara”. “Que me traigan a esa perra, a ver si tiene lo que hay que tener para ocupar el sillón de Secretario General. Ella sabe que en este corral no puede haber dos gallitos, así que la quiero ahora y la quiero ya”.

Susana Díaz, por su parte, ha declarado que “no haré dejación de mi responsabilidad. Es decir, estaré en la terraza de Ferraz si los compañeros y las compañeras lo quieren”. Ello ha contribuido a aumentar, si cabe, el estado de confusión que se vive en la sede socialista. “¿Pero vamos a ver, hija mía, vas o vienes, das un paso atrás, al lado o al frente?”, le ha espetado un veterano barón del partido, presa de un ataque de nervios. El responsable policial ha desaconsejado la entrega de la secretaria general del PSOE andaluz, al no poder garantizar “su integridad personal” dado el estado “calamitoso” en que se halla Pedro Sánchez. “Delira y echa espumarajos por la boca. Se ha traído el sillón de su despacho y lo acaricia diciendo míoooo… es míooooo”.

Para acabar de redondear la situación, la actitud de los rehenes -todos ellos socialistas andaluces- ha sido calificada por los mandos policiales de “propia de auténticos tocahuevos profesionales”. “No paran de decirle ‘pisha… suelta la poltrona… suéltala ya, jodío’, de cantar flamenquito y de reclamarle jamón de jabugo y rebujitos para todos. Yo no sé si resistiría tanta presión”. Si las fuerzas del orden no entregan a Susana Díaz, el todavía secretario general del PSOE amenaza con “la voladura incontrolada del edificio… y del partido también”. “Malditos, no conseguiréis jamás mi acta de dimisión. Sólo me sacaréis de aquí con los pies por delante”, se le ha oído gritar, desde la azotea, a la masa de socialistas críticos que tratan, sin éxito, de acceder al edificio. Quien fuera, sin duda, el secretario general más guapo que han tenido los socialistas, ya no es sombra de lo que fue.

Quién lo iba a decir.

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