El año que amamos a Inés Arrimadas

Farragüas, Los Pijoaparte

El problema del charnego en Cataluña es que todo el mundo quiere hablar en su nombre. Porque lo que quieren es su voto. En los últimos tiempos los de ERC se montaron un invento llamado “Súmate”. Una cosa muy apropiada para dividirte. Ficharon a unos cuantos charnegos agradecidos y les llenaron los bolsillos de subvenciones o les pusieron en sus listas y ahora ya tienen acta. Es el caso de Eduardo Reyes y de Gabriel Rufián, bufones al servicio del procés. Pero esta jugada les costó tiempo entender que la necesitaban. Fue cuando se dieron cuenta que tras treinta años de asimilación la cosa no cuajaba. Hasta entonces a los charnegos se les despreciaba y a los movimientos críticos con el nacionalismo, como los del Foro Babel, se les desprestigiaba.

Yo conocí a gentes del Foro Babel, y su problema era el de siempre: que había muchos más intelectuales que obreros. Vaya, que era muy poco charnego. Y aunque la mayoría eran de izquierdas –con todas las letras: socialistas y comunistas–, pues eso, que eran todos catedráticos, profesores, artistas, escritores, antropólogos, filósofos… yo qué sé… pero de mecánicos o paletas, ¡pocos! Y es lo que pasa con los intelectuales: que elucubran mucho, y hacen poco. Sobre todo si su prestigio o sus ingresos están en peligro. Y eso fue lo que le pasó a los Babélicos: que unos se fueron por purismo ideológico (porque querían una “y” en vez de un guión… ese tipo de cosas que les pasa a los comunistas en sus congresos), y otros porque les dijeron tantas barbaridades desde los medios de comunicación que los acoquinaron vivos, y les vieron las orejas al lobo, o sea, vieron peligrar el pesebre. ¿O a lo peor es que fue esto último y no otra cosa, lo que les pasó a todos en el fondo?

Luego, se entusiasmaron con la victoria de Maragall y creyeron que habían llegado a Ítaca, como se dice ahora. Se empezaron a disolver y solo quedó un pequeño grupo de voluntariosos acharnegados, que además eran los más izquierdosos de todos (y ahí estaba mi amigo el Faneca). Pero la gente en general les hizo poco caso, y la izquierda oficial –y la no oficial– les trataron de apestados, y eso que a sus charlas llevaban a gente con mucha miga, como el Paco Frutos o el Manolo Monereo, que era un comunista andaluz grandote y con barba, que parecía un oso pero no veas lo que sabía, y era el que le escribía los discursos al Anguita y ahora es podemita. Y los viejos prebostes intelectuales (Francesc de Carreras, sin ir más lejos), para rematarla, les cortaron las alas cuando empezaron a tener presencia mediática. Para mí que había demasiadas envidias, demasiados personalismos.

Los de Foro Babel fueron los primeros desde la izquierda que se atrevieron a decirle “prou!” (basta) al nacionalismo en Cataluña, porque a los señoritingos de Iniciativa y del PSC les daba vergüenza que les confundiesen con los españolistas del PP, y les dijesen “fachas” y de todo, que es lo que acostumbra a pasarle al que lleva la contra por estas tierras. Y luego, cuando aparecieron los de Ciudadanos, algunos pensaron que era igual una cosa que la otra, y que todo venía del mismo sitio. Pero eso es como decir que Podemos salió del 15M; algo tuvo que ver, pero poco. Sí que es verdad que algunos de Foro Babel estuvieron ahí cuando empezó Ciudadanos, pero también empezó a entrar un montón de gente bastante más de derechas (bueno, de eso que llaman “centroderecha liberal”, y que son la derecha de toda la vida, pero más moderna y sonriente), y el que los pastoreaba era un tal Arcadi Espada. Y supongo que ellos también quisieron que la gente les confundiera, porque eligieron, para darse a conocer, el mismo sitio que los de Foro Babel: el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona. Y bueno, la verdad es que más de un pardillo del Carmelo se dejó arrastrar por el invento, y algunos, hasta siguen.

El Faneca en esa época me lió y acudí a algunas reuniones; auténticas terapias de grupo donde la gente venía a liberarse de la bilis acumulada; comunistas y socialistas hartos del catalanismo, junto a gentes que nunca antes participaron en política, acudían en aluvión; auténticas asambleas participativas. Las primeras agrupaciones de Ciudadanos, comparadas con los “círculos” de Podemos, sacaban matrícula de honor en eso que ahora se llama democracia participativa. El charnegismo empezaba a tomar fuerza en Ciudadanos y fue creciendo hasta la presentación en el Tivoli, el 4 de marzo de 2006. En ese momento las agrupaciones pedían participar en la gestión del proyecto, un proyecto que mayoritariamente tenía alma izquierdista. Recuerdo una presentación, a la que asistí con el Faneca, en Arenys de Mar, donde desde el público le cantaban la caña al tal Arcadi Espada, cada vez que se iba hacia la derecha; y eso, con una jauría de nacional-fascistas ladrando en la puerta.

Acudí al Tivoli, el Faneca parecía el jefe de seguridad de aquello, estaba entusiasmado. Luego vino el golpe de mano previo al congreso: descabezamiento de agrupaciones, control del proceso precongresual, integración acelerada de agrupaciones de fuera de Cataluña (Es mentira que la expansión a toda España se hiciera en 2010, en 2006 fue la coartada para que entrara mucho “centro-derecha-liberal” que permitiera el control del nuevo partido que se estaba construyendo).

Durante las dos o tres reuniones históricas (ahí el Faneca no sacó la trapera de milagro, o eso me dijo) donde estalló el conflicto entre la cúpula de los intelectuales y su guardia de corps con las agrupaciones, apareció de pronto un tal Albert Rivera, que era un niñatillo al que no conocían ni en su casa a la hora de comer. A los tres meses fue elegido “por orden analfabético”, y apadrinado por Francesc de Carreras y Arcadi Espada, presidente del nuevo partido. Faneca entró en crisis y se largó. Volvimos a compartir cervezas más a menudo.

Ahora que a Arcadi Espada le preocupa, ¿o no? –Porque ese, cuando escribe, a veces quiere decir lo contrario de lo que se le entiende–, la posibilidad de que la Arrimadas llegue a la Cima, y monte –al alimón con su cónyuge– un partido de derechas y catalanista, les confesaré que en más de una ocasión estuve a punto de apuntarme (porque antes siempre fui de miranda) al rollo este de “Ciudadanos”.

A ver, entiéndaseme: no es que yo sea un liberal o de centro derecha como ellos, no. Pero es que… la Arrimadas es mucho Arrimadas, y el espectáculo hay que reconocerlo que es excelente. Escuchar a Inés Arrimadas me pone. Aclaro, me pone doblemente, con ese aspecto de bollicao/agresiva. Esos discursos bien fundamentados contra el nacionalismo, en boca de una jaca bien vestida –no ya con el estilo pepero traje-chaqueta, o el aspecto nacional-payés de la Forcadell y de la Rovira de ERC, ni el estilo perro-flauta de las cupaires como la Gabriel, que olvida a menudo lavarse–… bueno, como decía; el estilo pijo-progre de la Arrimadas me sulibella , como decían Carlos Mejía Godoy y los de Palacagüina, y me dan ganas de lanzarle un ¡ole tus ovarios! No es pa menos. Ya me gustaría a mí hacerle un examen completo del territorio nacional. Vamos, que yo la vestía de “Marianne espagnola” para guiar al pueblo hacia la libertad.

Pero contuve mis ansias al ser consciente de que era un amor imposible, los pijoaparte fracasados como yo estamos condenados al barrio. Ya lo contó Juanito.

El fruto de Cima-Arrimadas puede ser finalmente el ansiado partido que siempre deseó Arcadi: una fusión de la derecha catalanista con la españolista, que permitiera un gobierno estable de las burguesías en amor y compaña. Un big party donde cupiera –cupiera de caber, no “cupiera” de la CUP– una derecha españolista pepera, otra más “modelna” y ciudadana, y otra catalana y con mucho “seny”.

No sé que pensará Albertito, ahora que se ha lanzado a la reconquista de España desde la Covadonga catalana; dejando indefenso el castillo.

Conste que a mí me la trae al pairo. Que con su pan se lo coman. Sí, ya sé, es cierto, no hay un discurso critico al nacionalismo en Cataluña tan definido, claro y concreto como el de Ciudadanos –aunque a veces a la Inés «del alma mía» se la va la bola como al día siguiente de la Diada y suelta aquello de: “Ayer salió a la calle mucha gente. Es verdad que menos que en otros años (…) Es mucha gente y muy movilizada. Y esta situación requiere de una solución (…), sobre todo del Gobierno de España, que piensa que eso pasará, que eso no es importante, que eso es un grupito de personas; pero yo soy consciente de que eso requiere soluciones, y soluciones también políticas”–. Cierto, pero es que el problema es que pueden tener ese discurso crítico y no ser parte de los afectados. Ciudadanos se convirtió en un partido elitista, de cuadros elegidos entre gente bien y chicas jamón jamón. Expulsaron a los charnegos. Y ha optado por un programa de centro derecha. Está bien defender los derechos culturales del castellanohablante de Cataluña; pero es que no hay derechos culturales que valgan, sin derechos sociales, sin justicia social. Y eso no parece preocuparles mucho.

El problema de los charnegos no solo es la lengua: si nos solventan lo de la lengua, pero nos dejan amontonados en los márgenes de la carretera, seguiremos siendo charnegos. El problema es que para solventar la lengua hay que solventar la marginación que implica esa asimilación.

El problema es que políticamente somos intercambiables por cromos, por cargos, por subvenciones. El problema es que la izquierda que se ha olvidado de su gente. A lo peor el problema es la izquierda, a lo peor es que la izquierda tiene miedo a que el charnegismo, el obrerismo, dirija las organizaciones de izquierda. A lo peor el problema es que las direcciones de la izquierda en Cataluña son nacionalistas, son hijos de las clases medias y de la pequeña burguesía de origen catalanista. El problema es que a lo peor no hay izquierda en Cataluña, y sin izquierda no hay dios que arregle esto. Se me entiende ¿no?

Farragüas. Octubre 2016

Carmelo (Farselona)

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