Guiño de Trump al independentismo catalán

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Donald Trump promete alargar el muro de la frontera mejicana hasta el sur de Tarragona

Consciente de las simpatías que el independentismo catalán despierta entre los miembros del Tea Party y otros sectores supremacistas de la población WASP norteamericana (White, Anglosaxon and Protestant; o sea, los blanquitos ricos con poca cultura y mucho dinero), y dados ya definitivamente por perdidos el voto de los negros, de los hispanos y de las mujeres (o, al menos, el de las mujeres inteligentes a las que no les gusta ser insultadas y manoseadas), el candidato republicano a la Casa Blanca, Donald Trump, ha lanzado este fin de semana la propuesta de alargar el prometido muro con el que pretende impedir la entrada de inmigrantes mejicanos ilegales en los Estados Unidos –y que debería, además, costear, según repetidamente ha afirmado, el propio gobierno mejicano–, hasta la población tarraconense de La Sènia, en la misma raya con la provincia de Castellón.

“Al fin y al cabo, los problemas que tenemos nosotros con los mejicanos son los mismos que los catalanes tienen con los españoles”, afirmó el multimillonario del tupé inverosímil. “Son vagos, maleantes, pretenden vivir de la beneficencia y de los subsidios, y encima hablan en español, que es un idioma horroroso, de pobres y charnegos, en vez de en inglés como Dios manda”. “Además”, añadió un poco más tarde, “los recortes que me dicen mis asesores que el gobierno catalán ha introducido estos últimos años en esa especie de invento comunista del diablo que eran su Sanidad y su Educación públicas, que no servían más que para mantener parásitos y desocupados, demuestran a ciencia cierta su voluntad de reproducir, más que ningún otro país de Europa, nuestro bendito modelo de iniciativa privada y libre mercado americano”.

“Yo no pretendo ser el presidente del mundo, sino únicamente el de América”, concluyó en su alegato, pronunciado en una de las Oficinas Comerciales y de Inversiones que la Generalitat de Catalunya ha abierto en los Estados Unidos. “Pero igual que yo no he tenido ningún problema en casarme con una modelo eslovena a la que le saco veinticinco años pero que quería ser norteamericana, y ya que a esa emprendedora y productiva gente le ha dado últimamente por engalanar sus ventanas y sus balcones con banderitas de barras y estrellas que están copiadas al detalle de la de nuestra querida colonia, Puerto Rico, creo que tampoco habría ningún problema en que se les aceptase también a ellos como un Estado Libre Asociado de la Unión, antes de que la idea se le ocurra a mi amigo Putin y me la quite por la mano, que anda que no sabe, el tío”.

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