“Arabia Saudí es un gran socio comercial. Sobre todo, para mi familia”

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Felipe VI se convierte al Islam y restablece el Califato de Córdoba

Ante las múltiples críticas que ha suscitado su última visita oficial y de negocios a Arabia Saudí, país reiteradamente denunciado por sus violaciones de los derechos humanos y por su apoyo político y financiero al yihadismo internacional, el rey Felipe VI ha anunciado esta mañana desde Riad su decisión, meditada e irrevocable, de convertirse al Islam y de restituir el antiguo Califato Omeya de Córdoba.

El monarca ha justificado su decisión apelando a argumemtos politicos, económicos, históricos y culturales. «Los momentos de mayor esplendor en la Historia de España han sido el Imperio de Felipe II, que por algo se llamaba como yo, y la época en que Abderramán III gobernaba en Al-Andalus. Y como el Imperio de ultramar está claro que no vamos a volver a tenerlo, pues esto es lo que quedaba».

«Además», continuaba el monarca. «Arabia Saudí es uno de los principales aliados de Occidente en la zona, y un importantísimo socio comercial; sobre todo para mi familia, que se había quedado sin un duro cuando la República los envió al exilio, y que tampoco pudo levantar cabeza durante la Dictadura por culpa de las malas relaciones del abuelo Juan con el ‘tío’ Paco, pero que ahora nada en oro gracias a las comisiones que nos dan los petrojeques cada vez que hacen un buen negocio con los empresarios españoles, gracias a los buenos oficios de Papuchi Juanca y de la tía Corinna.”

“Y si sus leyes teocráticas y medievales chocan frontalmente con los principios básicos que proclamamos en Occidente, con la democracia y los derechos humanos, y ellos no tienen la más mínima intención de cambiarlas, porque para el caso ya les sirven –continuaba  el Rey Felipe su alegato–, “quizá lo más práctico sea que nos replanteemos nosotros los nuestros, que tampoco están ahora mismo como para tirar cohetes.»

«Hay que volver a los mejores momentos de la Historia de España. Y como el Imperio de Felipe II no lo podemos restablecer, reimplantaremos el Califato.»

Las reacciones políticas a estas declaraciones del Rey han sido diversas; así, mientras el presidente del gobierno, Mariano Rajoy, y la “mujer fuerte” del PSOE, Susana Díaz, ya han proclamado “Allah-u-Akbar!”, postrándose cinco veces en dirección a La Meca, el líder de Podemos, Pablo Iglesias, ha criticado duramente que el monarca español haya abrazado la rama sunita del Islam, que es la dominante entre las monarquías del Golfo, en lugar de la chiita de la República Islámica de Irán, gran amigo y financiador de la formación morada.

En Cataluña, por su parte, también ha habido una gran división de opiniones. Así, el PSC, ERC y Barcelona en Comú ya están estudiando integrar diversos aspectos de la ley coránica en sus respectivos programas electorales, para dar así satisfacción a sus redes clientelares de pakistaníes del barrio barcelonés del Raval (los mismos que ERC movilizó para el referéndum-butifarrada del 9N, y PSC y BeC para sus respectivos procesos de primarias). Pero los exconvergentes del PDECat, por el contrario, han afirmado que todo ello lo que demuestra es que España en el fondo siempre ha sido un país de moros, y han decidido por tanto reforzar a partir de ahora sus ya buenas relaciones con la Liga Norte Italiana, con el Front National de Marine LePen, y con los ultranacionalistas de las Repúblicas Bálticas, que habían sido hasta ahora los únicos aliados europeos declarados del “Procés Sobiranista” en Cataluña.

Y la conocida tertuliana indepe-sionista Pilar Rahola, por su parte, ha hecho también pública en diversos medios su intención de convertirse en breve al judaísmo, y ya se ve a sí misma como la futura Golda Meir glamurosa de la próxima República Catalana

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