Artur Mas: “Dejad que los catalanes vengan a mí”

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Llamado a declarar ante el Sanedrín español, ¿40.000? fieles se han congregado este 6 de febrero en Barcelona al grito de “Hosanna Artur, Rey de Cataluña”, mientras pugnaban por hacerse con cualquier reliquia de El Elegido, ya fuera un cabello o un trozo de sus gafas de pasta.

“Dejad que los catalanes vengan a mí, y no se lo impidáis, porque de ellos es el reino de la futura República Catalana”. Estas fueron las proféticas palabras del ex-presidente de la Generalitat Artur Mas, más conocido como “El Elegido”, poco antes de declarar ante el tribunal que, aunque lleva por nombre “Superior de Cataluña”, es conocido en los ámbitos independentistas como “El Sanedrín español”. Pese a lucir unas considerables ojeras, El Elegido dijo sentirse “firme y super-convencido” de su actuación durante el 9-N, cuando dio un paso decidido hacia el martirio al poner las urnas de cartón para celebrar un referéndum (aunque también aceptamos “proceso participativo” como animal de compañía) que previamente había sido prohibido por otro Sanedrín del Estado: el Constitucional.

Mientras Artur avanzaba con la mirada lívida, para ir al encuentro de los fariseos y saduceos que iban a juzgarle, una multitud de 40.000 fieles se apretujaba pidiendo una señal: “Haz que se abra el Ebro y separe así nuestra tierra de la España”, clamaban. “Pero, sobre todo, danos un día de Asuntos Propios para poder verlo, que si no perderemos dinero”, coreaban a continuación.

Entre sus seguidores se han podido ver intelectuales, titiriteros, opinadores y políticos, todos ellos bendecidos con el Maná de los dineros públicos catalanes; funcionarios de vacaciones por un día para poder así optar a un negociado…  o simplemente por puro canguele; y también pueblo llano. Aunque desconocemos si entre este pueblo se encontraban Esther Quintana, vecina de Barcelona tuerta a causa de una pelota de goma durante la última Huelga General o la familia de la niña de la localidad de Blanes que murió por no llegar la ambulancia a tiempo a causa de los recortes. ¿Dónde andarán?

En todo caso, la multitud se rasgaba las vestiduras y llorando, clamaba: “Caiga la Inhabilitación de Artur sobre sus cabezas”. Y mientras la comitiva iba hacia el martirio, los vendedores de reliquias hacían su agosto: un cabello de Artur, 5 euros. Un fragmento de sus gafas de pasta, 2 euros. Ello sin contar las consabidas “esteladas” (a 1 euro la “cubana” y 50 céntimos la “rojigualda”). Pero la reliquia más buscada fue sin duda los pelillos de su legendario mentón, que cotizaron a 20 euros. Con certificado de autenticidad, eso sí.

Tras fustigar al Sanedrín con su verbo castigador (“¡Raza de Víboras!¿cómo osáis juzgar a vuestro Líder Natural?”), El Elegido salió por la misma puerta por donde había entrado, y empuñando su báculo, se dirigió a la muchedumbre prosternada ante Él: “En verdad, en verdad os digo, que no pasará esta generación hasta que venga mi Reino, la República Catalana”. Y finalizó con una frase enigmática: “Y si no viene, pues seguiremos dando la matraca, que de esto vive mucha gente”.

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