La CUP quiere acabar con el despatarramiento de los hombres en el metro

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“Si llevamos dos años tapando las vergüenzas a Convergència, ¿cómo vamos a dejar que vengan otros ahora enseñando también los huevos?”

El grupo municipal de la CUP en el Ayuntamiento de Terrassa ha presentado una moción contra el hábito de muchos hombres de sentarse en los transportes públicos con las piernas abiertas, en lo que la formación radical catabertzale considera “una micro-agresión intimidatoria, machista y heteropatriarcal, contra las mujeres que comparten con ellos el espacio público”. La campaña se centraría de momento en los autobuses urbanos y los ferrocarriles de cercanías que prestan su servicio en dicha localidad de la comarca del Vallès, a la espera de poder hacerse extensiva a otras localidades y especialmente a aquellas comunicadas por la red de Metro de Barcelona, pues sería justamente en ese medio de transporte (que no llega a la ciudad vallesana) donde es más fácil poder observar dicho comportamiento.

“Ésa es una actitud intolerable, que expresa como ninguna la usurpación que del espacio público hace el género masculino en una sociedad heteropatriarcal donde las mujeres son condenadas al gineceo y a la invisibilidad, cuando no a la más abyecta sumisión ante el machismo imperante impuesto por un Estado atrasado y antidemocrático como el español, y por eso vamos a tratar de erradicarla”.

“Y, además, creemos que por nuestra parte es una muestra impostergable de coherencia democrática: porque si llevamos ya casi dos años tapándole las vergüenzas a Convergència y a su sucesor el PDCat, aprobándole sus presupuestos aunque se hinchen a hacer recortes en Sanidad, Educación y Servicios Sociales, e impidiendo que se investiguen sus escandalosos casos de corrupción, los viajes a Andorra de la familia Pujol, y la red de financiación ilegal con la que han estado nutriendo a su partido desde que llegaron al poder en 1980 gracias a las mordidas del 3, del 4 y hasta del 5%, ¿cómo íbamos a dejar que viniese ahora cualquier otro, enseñando tranquilamente también los huevos?”

No han especificado en cambio las fuentes catabertzales consultadas si el despatarramiento masculino contra el cual han dirigido ahora su santa cólera feminista, independentista, anticapitalista y emancipadora, resultaría igualmente censurable cuando fuese una mujer –o, en su caso, una persona de identidad transexual o intersexual– quien lo llevase a cabo, ni tampoco si se consideraría igualmente intimidatorio cuando las personas que comparten el espacio con el presunto agresor machista no fuesen mujeres sino otros hombres, o si sencillamente fuesen igual de espatarradas. E igualmente elusivos han sido respecto a si el hecho de portar un chándal con la bandera rojigualda o con los colores de “La Roja” aumentarían la gravedad del despatarramiento, al mostrar con ello el agresor, además de su condición de machirulo, la concomitante de españolazo.

“Restregar las suelas sucias de las bambas por el asiento de delante es una sana muestra de rebeldía generacional. No querrá usted compararla con la intolerable agresión heteropatriarcal que representa el manspreading.”

Más clarificadora ha sido en cambio su posición cuando se les ha consultado si pensaban promover medidas semejantes contra otras actitudes molestas, incívicas o insalubres, como las de los jovencitos y jovencitas de ambos sexos que acostumbran a plantificar los pies en el asiento de delante para poder llevar las piernas en alto y el culo ventilado, aunque lo hagan sin despatarrase, y allí se dejan restregada sin mayor problema toda la porquería de la suela de sus bambas mugrientas, o la de aquellos otros que van gritando, vapuleándose alegremente entre ellos y escuchando reggaetón a todo volumen en sus móviles de último modelo, generalmente mucho más inteligentes que sus dueños. “¡De ninguna de las maneras!”, respondió a nuestro medio una autorizada fuente cupaire. “Ésas que usted describe son legítimas y sanas muestras de rebeldía generacional, y no de intolerable dominio heteropatriarcal como el que representa el manspreading. Y además, muchas de esas personas jóvenes e inconformistas que expresan de ese modo su heterodoxa alegría de vivir en el metro, son sin duda votantes nuestros. ¡No querrá usted que encima les sancionemos!”.

 

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