Puigdemont: “¿Quién necesita urnas? Invocaremos a Manitú”

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El referéndum del 1-O en Cataluña marcará un antes y un después en la Historia de la Democracia: será el primero en no necesitar ni de urnas, ni de censo ni de papeletas.

Se acerca la fecha del 1-O, y al parecer la Generalitat no dispone de censo, ni de urnas -pese a haber afirmado que tenía 6.000 ya preparadas- ni tan siquiera de papeletas. Esto, que en cualquier democracia constituiría un obstáculo casi insalvable a escasos quince días de la celebración de la consulta, en Cataluña, sin embargo, quizás por aquello del hecho diferencial, ha resultado ser un acicate. Se ha podido saber de fuentes dignas de todo crédito, que un equipo encabezado por Iker Jiménez -sorprendentemente contratado por la Generalitat para la ocasión- lleva trabajando desde hace semanas en confeccionar lo que será el Primer Referéndum Telepático (PRT) de la Historia de la Democracia.

Jiménez, el popular presentador del programa Cuarto Milenio, ha desvelado algunos detalles del  que ha sido llamado Proyecto Roswell-II –en honor de la popular localidad de Nuevo México donde se cree que se estrelló un ovni en 1947-. El Plan consiste en convocar con toda normalidad a los ciudadanos para que constituyan las Mesas (si es que los cabritos de Correos tienen a bien entregarles las notificaciones para que acudan, claro). Y el día de autos, o sea, el 1-O, presidente y vocales tendrán ante ellos una Mesa Electoral virgen, limpia como una patena. No habrá urnas, ni papeletas, ni censo que consultar, ni tan siquiera cabina donde preservar la intimidad del voto. Pero da igual, que no cunda el pánico.

En ese momento, se apagarán las luces del Colegio Electoral. No por nada, sino porque el Gobierno Central les habrá cortado la luz. Pero hasta esa medida represiva resultará útil, pues dará ambientillo. En completa oscuridad, Presidente y Vocales se tomarán de las manos y en ese momento empezarán a sentir una fuerza telúrica, sobrenatural: la Força (“La Fuerza”), un campo energético muy fuerte que, según los científicos de la Generalitat, “envuelve y atraviesa todas las cosas de la Galaxia Cataluña, y la mantienen cohesionada”.

En ese momento, insistimos, cuando las manos de los miembros de la Mesa comiencen a sentir el hormigueo que proporciona La Força, éstos comenzarán a invocar al espíritu del dios Manitú. Tras una prolongada letanía, el dios comenzará a insuflar en la mente del Presidente y de los Vocales el voto de todos y cada uno de los ciudadanos que se hayan presentado a votar: 270 votos a favor de la independencia (pongamos por caso), 7 nulos por llevar la estelada pintada, 0 en blanco y -1 en contra de la secesión.

Tras la localización y arresto por los Mossos del autor del voto -1 en contra de la República Catalana (para su posterior deportación), los miembros de la Mesa procederán a transmitir los resultados a la central (también por vía telepática, recuerden que no habrá luz), resultados que finalmente serán refrendados y proclamados como válidos y oficiales.

“Pero, pero… ese método no tiene garantías”, han comentado escandalizados la Comisión de Venecia y el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker. “¿Qué más nos da?” -han replicado desde la Generalitat- “Nada en este proceso tiene garantías. Pero es que no se han enterado: aquí no importan las garantías, importa Cataluña, o sea, nosotros. Porque nosotros somos Cataluña”.

Tras esta curiosa salida dialéctica, un Juncker visiblemente perplejo apenas acertó a musitar: “Pero, pero… ¿por qué invocar a Manitú?” “Sencillo” -respondió Carles Puigdemont- “porque nos gusta hacer el indio”.

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