Puigdemont se caga

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Tras realizar una declaración de no-independencia, los ujieres del Parlament hubieron de recoger las defecaciones del president, aquejado de un súbito ataque de diarrea.

Hoy era el gran día. Tras años de matraca incesante, del proceso de independencia más largo, cansino e insoportable de la historia de la Humanidad, por fin creíamos que todo acababa. Atrás quedaban toneladas de gelocatil y tranquilizantes, indispensables para aguantar la tabarra de un monotema que se repetía todos los días y que ya aburría hasta las ovejas. Pero nuestra alegría (y la de los independentistas congregados que esperaban ansiosos la declaración de independencia de Cataluña) fue breve: todavía le quedan capítulos a este culebrón venezolano.

Salió Puigdemont como favorito en este partido de fútbol pero pronto se desinflaron todas las expectativas puestas en él. En un momento dado de su discurso, empezó a desgranar la que sería la solemne declaración de un nuevo estado en el mundo, llamada a grabarse en bronce para las futuras generaciones: la República Catalana.

Pero héte aquí que en ese momento se produce un fenómeno extraño: comienzan a oírse ruidos sordos en el atril que ocupa el president. La cara de Puigdemont empieza súbitamente a cambiar de color: primero ligeramente roja, luego blanca y por fin amarilla. Los ruidos van en aumento y se hacen perfectamente audibles: son pedorretas.

Entonces comienza a emanar de la tribuna un hedor infecto, como de huevos podridos. Puigdemont titubea, se encorva, parece que va a desmayarse. Un sudor frío recorre su frente. Y en sus pantalones empiezan a aparecer extrañas manchas oscuras.


“… Ciudadanos y ciudadanas de Cataluña… declaro la indepen… ejem… grrr… ajam… gñññ… pero la suspendo de inmediato… gñññ… porque he quedado…jorrlll… con el director de la sucursal de mi banco para transferir todos mis ahorros a Madrid y se me hace tarde”.

Tras esta declaración de no-independencia, el president cae al suelo, babeando espumarajos y entre violentas convulsiones. Minutos más tarde, los ujieres del Parlamento encuentran su cuerpo doblado, en un gran charco de mierda. Sus pantalones, completamente mojados. Los empleados se lo llevan de inmediato en un camilla y a continuación proceden a recoger al menos dos kilos de defecaciones de una tonalidad extrañamente marrón. Los diputados de la CUP, por su parte, piden a gritos su cuerpo para realizar una extraño ritual anti-capitalista, consistente en abrirle el pecho, extraerle el corazón y comérselo crudo. Otra brigada de ujieres se ven obligados a reducirles a base de chorros de agua a presión, mezclada con jabón y desodorante.

Charnego News, en su incansable compromiso por una información veraz y transparente, ha logrado hacerse con el parte médico del doctor personal del presidente de la Generalitat, sr. Puigmanteca-McGuffin: “El honorable señor Carles Puigdemont ha sufrido un violento ataque de diarrea, acompañado de temblores, convulsiones, sudoración y fiebre. Este ataque se ha ido fraguando desde hace algunos días” -afirma la nota- “tras una excesiva lectura de prensa económica, donde se daba cuenta de la marcha incesante de empresas y bancos fuera de Cataluña. Se le ha prescrito reposo absoluto y astringentes varios. Y sobre todo, sobre todo, poner a buen recaudo sus ahorros”.

El final del parte termina con una frase enigmática: “¡Es la economía, estúpidos!”

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