Entrevistas de relleno para cubrir un pliego entero

Ben Trovato, Breogán ibn Maymun, Greguerías

Por Breogán ibn Maymun

Tras concertar una entrevista con Jack el destripador y no estar de acuerdo con algunas partes de la entrevista que se le hizo, además de no estarlo con ciertas partes de mi hígado, y tras haber perdido el teléfono para llamar a los entrevistados-comodín (Carmen de Mairena y Pepe Gáfez), no me ha quedado más remedio (cuánta razón tenían nuestras madres de no dejar las cosas para el final) que salir a la calle a buscar la noticia (o eso me dijo mi jefe), movido por mi celo profesional y un sano temor a perder mi flamante trabajo de redactor becario y técnico transportador de cafés a mi queridísimo jefe, Mister Farraguer.

Sin embargo, al no encontrarla y ser domingo por la tarde, y encontrándome sentado frente a un anuncio de mujeres de esas que te quieren acompañar a todos los sitios (muy amables y guapas todas ellas, y con nombre de modelo de coche), intenté escurrir el bulto sin aparecer por el “Zulo-redacción” durante 5 días. Y no es que Mister Farraguer me echase de menos, ¡ojo! Pero, sin –nadie que le hiciese la pelota (con genuflexión incluida), se venía abajo y me necesitaba… (Una relación laboral muy sana, tal como pueden observar).

“Oye”, me llama a las seis de la mañana, porque al parecer aun no le han puesto la tarifa plana, “mándame lo que sea, que es verano”. Y me apela con énfasis: “Sin marca de café ni bocadillos de chorizo, por favor”. Terminando con una lapidaria frase: “Cómprate un ordenador para escribir tus astracanadas, coño, que siempre me los mandas a lápiz, nen”.

Así que me lanzo a buscar la noticia, (esta vez no desde un 5º piso, no siempre va a haber un camión de basura ni una piscina, como le sucede a los turistas ingleses para amortiguar el golpe), raudo y veloz por las calles, por las avenidas, hasta por los carriles bicis, y como no por las zonas habilitadas para perros, pero no encontré ninguna noticia, ni siquiera un cotilleo.

En verano esta ciudad se encuentra desierta, húmeda, (como mis sueños con Aramis Fuster), con menos vida que un fósil de insecto. Ya desesperado, me voy al bar de la esquina de mi casa farfullando alguna excusa, para que Mister Farraguer no me mande de visita al “SOC”: un bar chino en el que pasé estupendos momentos, mi primera gastroenteritis, hongos en las manos… bueno, qué les voy a contar, si es pensar en eso y llorar de alegría… (por continuar vivo, aclaro). Me tomo una “CruzAsco”, y mientras tanto pergeño posibles alternativas laborales donde podría enfocar mi futuro profesional. Me interrogaba a mí mismo: ¿Y si vendiese coches eléctricos a gasolina? No… ¿Y pescado con pecera incluida? Está el mercado copado, nada… No sé, no sé… Me pongo inquieto, y acto seguido me rasco la cabeza, pensando qué hacer. Y bueno, también es verdad que hace 3 días que por falta de medios no me ducho…

Y ya cuando todo estaba perdido (junto con las llaves de la casa, que me cayeron en una alcantarilla mientras miraba un escaparate de semillas de sémola de la variedad asimismo, una variedad muy demandada en la ciudad condal), de repente, apareció frente a mí un culo carpeta: era de un hombre intentando recoger los 5 céntimos que le quedaban para pagarse su cola-cao (por cierto, bebida muy habitual en cualquier bar de camioneros que se precie), los cuales habían caído debajo de una mesa del local. Y, tras darse la vuelta –no sin antes tropezar con dos sillas–, veo a este hombre y me digo para mí: “seguro que me dará una gran historia”. Cara plana, boca chancla, frente despejada, ojos saltones… (Lo veo, lo veo: con esto gano el premio Chaputzer) Pero lo que más me sublimó era lo de su “bragueta abierta” y creo que por ahí –analizaba– podría entrarle, para entrevistarle (aclaro, que estamos en sábado noche y ustedes siempre piensan mal).

Al llegar a la barra, me acerco a él, temeroso al decir verdad, puesto que me pone cara de gallino (que es cuando no sabes si te van a dar un abrazo o una hostia como Charles Bronson), y me sonríe, ante lo que yo aparto la mirada; no por timidez, sino porque tenía una caries reserva del 67.

–Bueno, una pregunta directa e impactante: ¿Qué es de tu vida? ¿Cómo lo llevas? O, dicho de otro modo: Cuéntame algo, ya.

–Bien, estoy un poco triste. He perdido unas de las cosas más preciadas en mi vida… Snif…

-Uys, esto tiene tirón –barrunté para mí–. Cuente, cuente….

–Pues que ayer mi gato se hizo el kamikaze y destrozó toda mi colección de latas de cerveza. Estoy destrozado, la verdad… Bueno, y la tele también, snif…

–Vaya.

Pongo la mano en el hombro de Martí (así se llamaba este sujeto curioso), y comienzan a brillarle los ojitos (como a Heidi antes de comenzar su relación con las cabras): es el momento culmen (si no saben qué significa esta palabra, yo tampoco, así que búsquenla en Internet).

–Tranquilo, Martí –continué diciéndole–, soy más de carne que de pescado, en serio, aunque hace tanto que no practico que me he vuelto vegano (aunque reconozco que era más fan de Radio Futura). ¿Tiene algo interesante que contarle a nuestros lectores? No sé, algo destacable… Además de llevar la bragueta abierta.

Se la sube y acto seguido añade:

–Bueno, sí… Esto… Ejem… He patentado varios inventos, como por ejemplo…

–Va, va, Martí, que mi curro peligra… Nada de cosas para intelectuales, que acabo en el SOC a la de tres. Algo interesante, frikadas no. –De repente, por algún motivo que desconozco, me comienza a cambiar la voz y río de modo sádico. Suena la radio; parece que se ha declarado la 3 Guerra Mundial, pero me centro en lo mío, no estoy para perder el tiempo–… A ver, cuéntame, Martí.

–Ah vale, vale. Bueno, nací en el Barrio de Ahorta, en el Carrer de la Vesícula Bilial. Tuve  una  infancia  feliz. Mi madre era monja y mi padre era vendedor de coches, cogía un coche en la calle y lo vendía, pero parece que no tenía licencia y acabó en la cárcel, o eso me dijo mi madre cuando dejo los hábitos (entre ellos el de beber, porque desde luego, mala Virgen tenía). Me decía: Hijo, hijo, necesitas cultura, y cogía un libro –un tomo así de gordo de la Larousse, por ejemplo– y me daba con él en la cabeza. Era un estudiante normalito, tenga en cuenta que viví la época aquella en la que salía mucho José Luis López Vázquez por la tele; por culpa de él acabe teniendo bruxismo, y me costaba vocalizar…

–¿A qué se dedica o se ha dedicado en todos estos años? (¿Por cierto, cuántos años tiene?)

–Pese a los implantes capilares –debo decirles que yo solo vi trozos de alfombra pegados con Logtite)– tengo 43 años, y nací en año bisiesto (como aquel cantante como era… hombre, sí, coño, este que cantaba “Ya no puedo más, ya no puedo más, siempre se repite la misma historiaa…”) –Le interrumpí y dije: “Sí, ya lo conozco: el nuevo himno de los del Prusés”–. ¡¡Eso mismo!! Sí, bueno, ¿por dónde iba? Ah sí… He sido sexador de pollos, vendía estampitas de la Virgen (Y bueno, y a los que no lo eran, también; no discriminaba) a la entrada del Monasterio de Montserrat, hacía los contenidos de los campamentos de verano de una secta satánica… He ido empalmando trabajos, nada estable, vamos… como la rodilla, que la tengo débil (de ahí que tenga que andar como Chiquito de la Calzada).

–¿Está casado? ¿Tiene hijos?

–Si casado con mi novia Berta. Ella se dedica a vender ropa usada sin lavar. Está creciendo el negocio muchísimo, lo tenemos a medias en nuestra propia casa. Y bueno, también estamos ganando mucho en infecciones, pero claro, el que algo quiere algo le cuesta… En cuanto a lo que me preguntaba de los hijos, no tenemos; simplemente es que no sabemos cómo tenerlos, ¿comprende usted? –concluye ruborizado.

Coño, vaya filón, pensé; mejor que lo del Fayri (gran cantante andaluz; descanse en paz, maestro). Acto seguido, le pregunté algo que mucha gente mantiene en el anonimato:

–Usted, ¿de qué pierna tira cuando va al sastre, para pedir un pantalón?

Pero visto lo de la bragueta opté por dejar el asunto: principalmente, porque este diario sale cada dos meses (con suerte) y lo leen mayores de 70 años que salen de los entierros principalmente, y no sería la primera vez que algún viejo verde se me muere de un infarto, como la última vez que entrevisté a la exnovia de Torrente. Y opté por formularle otra cuestión.   

–¿Qué hobbies o aficiones, aparte de lo de las latas de cerveza, tiene usted?

–Colecciono tapas de yogur de todo el mundo. Ah, se me olvidaba decirle que también fui juez de varios campeonatos de alunizajes (a mí y a mi mujer siempre nos ha interesado el escaparatismo, sabe usted). Pero lo que más me gusta es practicar la glosolalia (Cuando bebo más de 13 cervezas puedo hablar todo tipo de lenguas: arameo, despuescago…)

–Cuál ha sido la cosa más peligrosa u emocionante que ha hecho usted en la vida?

–Aparte de discutir con la suegra sin ponerle el bozal, una vez fumé dos paquetes de “Celtas” sin filtro….

–Coño… Es usted un machote, realmente. Su apariencia es engañosa.

–Debo confesarle que sí, soy muy malote. Ejem…

–¿Ah sí? –y pregunté acto seguido:– ¿Y qué cosas hacía usted para serlo?

–Comía barras de pan, y las cortaba con la boca en vez de cortarlo con un cuchillo –en ese momento tragué saliva, pero ahora llegaba lo mejor–. Hace una semana, un vecino me puso reggettón en alemán y subí hasta el piso de arriba y le dije: “¡¡Repámpanos, menos voz!!” Y bueno… Le pedí disculpas al día siguiente, ¿sabe usted? Perdí el control. –Traga saliva– El reggettón en alemán me saca de quicio…

Comienzo a halagarlo de modo casi pelotero y le digo: Joder, sinceramente, Martí, veo que es usted un hombre carismático, que arrastra multitudes, que lidera todo lo que ha hecho a lo largo de su vida… que no sé, que es un prodigio de la naturaleza… Y acto seguido me interrumpe.

–Bueno, no crea, se lo agradezco, pero la única vez que arrastré multitudes fue cuando tenía diez años e intenté conducir el camión de mi tío Marcelo, coincidiendo con las fiestas del pueblo… ¿Sabe? Quedó todo como en las tomatinas que se hacen en Valencia….

–¿Cómo se define políticamente? ¿Cómo ve lo que pasa en Cataluña?

–Me defino como insípido, insaboro, liberal de extrema izquierda, independentista centralista, federalista falangista, y del que más me pague, realmente. Y si no, del que gane. En cuanto lo que pasa en Cataluña, como usted comprenderá, trabajo de noche y no me entero de mucho, para serle sincero.

–Y su ocupación actual, ¿cuál es?

–Pues, le comento: a media jornada hago de sereno en patinete, por toda Barcelona, y después voy en coche oficial hasta Andorra con bolsas de basura, que me han dicho que es para reciclar restos de papel, están muy concienciados con esto del reciclar, al parecer… La verdad es que aún no sé para quien trabajo, pero como me pagan en especie…

–¿En especie de qué?

–Pues en billetes de Monopoly, que me han dicho que es como una especie de dinero.

–¿Y le gusta viajar a usted? –Le interrumpo. Miro el reloj, pasa el tiempo volando, me dije.

–Sí, lo que pasa es que me da miedo, ¿sabe usted…?

–¿Ah sí? ¿Por qué?

–Un día fui de viaje a Londres para saber lo que se siente al ir en chanclas (sin calcetines, ojo, como es típico por aquellas tierras; un hecho diferencial curioso, ¿no cree?), pero conducían todos a la Izquierda, y pensé: “Locos, ¿no veis que se conduce por la derecha”, y cogí miedo a  viajar… Bueno, y también a conducir, a levantarme de la cama, a atragantarme con un trozo de pescado… En definitiva, “regomello” ¿sabe? Inquietud, ganas de estar quieto en casa un domingo viendo la repetición de algún programa de variedades, no sé si me comprende. La palabra apalancado la patenté yo, no sé si lo sabía.

–Le comprendo perfectamente, yo siento lo mismo desde que derrapé con el andador de mi abuelo. Un yogur líquido de fresa, por favor –le pido al camarero. Con este hombre me estoy volviendo eufórico–. Por cierto, ¿invita a esta también, no?

–Sí, claro. –Aunque después lo pensó, pero lo corté con una pregunta digna de Punset:– ¿Cuál es su filosofía de vida?

–“Lo que puedas hacer hoy déjalo pa dentro de dos semanas”. O: “Si vas tirando sin ir pensando dalo por bueno Osvaldo”. “Cuando te mueres estás como ausente”. Aunque mi preferida es: “No le pidas 50 si le puedes pedir 100”.

–¿Cómo le gustaría ser recordado?

–Pues como aquel hombre que siempre miraba de frente (que por algo la tengo desde el cráneo hasta los ojos de 3 metros de largo y 15 de ancho), y como aquel que te preguntaba por el tiempo en el ascensor, o aquel que te miraba desde la ventana con buena intención…  Ya se sabe, ser querido.

–¿Cuál cree que son los problemas de la sociedad actual?

–Pues ese precisamente, que vive demasiado el presente. A uno siempre le ayuda a vivir del pasado (1492,1714), así cuando espiches realmente no habrás vivido nada, y créame, eso es mejor, que te evitas quebraderos de cabeza, sufrir, y ver memes de la Rana  Gustavo en Facebook.

–¿Cómo ve el estado de la juventud actual?

–Pues depende de cómo se mire: si es desde un sofá o desde el banco de algún parque, después de un botellón. Realmente, soy pesimista: la única generación que no es una mierda siempre es la de uno, como usted sabrá perfectamente.

–¿Quién o quiénes le han marcado como persona?

–Bueno, principalmente dos: Pepe, el portero de discoteca cuando salía a vomitar fuera, y mi primo Luis, cuando jugábamos al Baloncesto.

–Déjelo… Esto, eh, para terminar… ¿qué opina del entierro de la Sardina?

–Que no me incumbe. Lo tendría que consultar con un representante legal. (Vamos, que no me mienta sobre este tema).

–Y de la cría del ornitorrinco en aguas australianas?

–No sabía que Ringo Star era ornitólogo, me deja usted frío…

Comienza a amanecer y mi organismo es alérgico al día, así que decidí dejar aquí la entrevista; pero entonces recordé que había perdido las llaves y que hasta las 12:00 no llega mi compañero de piso. (Es “chico de compañía», dice que de una ONG para ayudar a señoras mayores a disfrutar de mayor calidad de vida. Qué encanto, es un chico del Caribe muy simpático realmente.)

–¿Le gusta el cine o la música o algo así para pasar el rato?

–Hombre, por supuesto que sí: mi disco de los Pitufos Maquineros y las películas iraníes. Precisamente hace dos días fui a ver una titulada “Cómo se cae un hoja de un roble del km 53 de la carretera hacia Teherán”; me encantó, y si la butaca del cine es mullidita para echarse una siesta es mejor que el sofá de mi casa. La comedia sueca también forma parte de mis preferencias: tienen títulos desternillantes como por ejemplo “Cariño, hemos suicidado a los niños”, o “Indepression Day”. Me encantan…

–Bueno, el bar va a celal, son las seis de la madlugada –nos interpela el dueño del bar, y continúa:– Vía, que tengo que ir a buscar perros pala calnicelía de mi honolable padle. –Y concluye con una lapidaria frase:– Ya fuela del bar.

Una atención al cliente cojonuda, reflexioné; lo bueno es que nos fuimos sin pagar, esa es la ventaja de ser pesado. Acto seguido nos cogimos las manos, la cartera, y nuestros respectivos números de teléfono, dimos un paseo por el parque “very guel”, nos contamos nuestras cosas (para quedar para la próxima semana, planes de futuro, cómo hacer desaparecer a su esposa), y ahí, coño, me di cuenta, cojones, que soy gay. Llegué con una sensación de alivio a mi zulo-casa (había meado en una farola cercana), sabiendo que con esta peazo entrevista, una cosa queda clara: no sé si me echarán, ahora para la próxima prefiero el Nesquik al Cola-Cao.

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