Colegas de profesión cogidos de sopetón.

Ben Trovato, Breogán ibn Maymun, Greguerías

Año 1979 Jordi alias el «honoratble» y José apodado el «torete» avanzan con sus respectivos vehículos por las curvas del «Garraf» y ambos no de camino a Itaca, en dirección a Andorra se dirigía raudo y veloz Jordi a realizar unas gestiones para poder comprar un «Lamborggini» a su hijo que cumple mayoría de edad en este año que llegaba, 1980, que le depararía múltiples triunfos en su vida profesional, a José huyendo de la justicia, por que a él un «charnego» barcelonés si le iba a caer todo el peso de la ley, y quizás una buena somanta de ostias de algún malhumorado comisario lucense en «Bac de Roda», no se podía decir que no fuese patriota «catalá» había elegido para su huida, un vehículo producido en Martorell, cuyo volante era usado como mancuerda, por muchos usuarios de gimnasios de España, se trataba de un Seat 131, para el joven «outsider», no era nada complicado hacerle un puente, (no era Santiago Calatrava), si no con sus escuálidos brazos y a falta de dirección asistida del vehículo en cuestión, sacarlo antes de 5 minutos, tras darle 50 vueltas para sacarlo del estacionamiento y que no lo «cazasen».

A la velocidad de un viaje para Japoneses, corre el joven por las curvas de las estrechas curvas del «Garraf», estrechas como un futuro que le esperaba incierto entre algo malo y otra cosa peor aún. En dirección contraria y de vuelta de «Andorra», volvía Jordi, ya con todo solucionado y todo preparado para que su hijo disfrute de un modesto obsequio de su «austero» progenitor, un famoso «charnego» y otro afamado «carolingio» se iban a cruzar, en un cambio de rasante, en un cruce de vías… vamos un puto bache, qué por culpa de Madrit, anulo la felicidad de Jordi y la prisa del joven charnego, por cruzar la frontera Francesa.

Perseguido el joven «activista» de lo ajeno, por José Haymiedo, famoso funcionario policial conocido por su conocimiento de tratamientos antihumedad con cal, y su compañero Miguelito te callas, conducía su Talbot a 150 km por hora, mientras se liaba un cigarrillo, hacia la declaración de la renta y pedía refuerzos un hombre polivalente sin duda.

-Por algo le llaman el Clint Eastwood español- pensaba para sí el joven policía que le acompañaba, salido de un pueblo de Granada, su primer destino Barcelona, con un hombre del que se podían aprender muchas cosas.

Pero el destino de ambos se cruzaron, más bien chocaron, «vol dir«, impactaron de tal modo que el Talbot de los servidores de la ley, y el seat del joven prófugo sufrieron leves daños, pero el Mercedes de Jordi quedó como un estatut «recortado», hecho trizas de nuevo la fuerza policial y el «caco» y un «presunto caco», (aún hay clases), se encontraron como cual encuentro interestelar, que ni siquiera el reencuentro entre Pajares y Esteso pudo superar.

Jordi se había interpuesto en el camino del afamado y precoz «kinki», tras haberse filológicamente indignado y haber leído, en un poste de dirección en lugar de Mataró, «Mátalo», tras años de franquismo era claro el genocidio cultural perpetrado por el régimen de Franco, aunque era claro que se sobrellevaba bastante bien en una casa con vistas al mar, era urgente arreglar dicha situación, – y gente que sepa acentuar en Castellano, también- pensaba, para sí – ya retorno a la realidad cuando al incorporarse a la Carretera en una intersección, vio un destartalado vehículo dirigirse hacia el, como un perro rabioso,- otro ataque sufrido por fuerzas ajenas a ser Catalá– Un impacto seco como un cava de «Vilafranca», seguido de un frenazo del vehículo del «temible agente» seguido de un choque similar al de un envoltorio de papel de cocina, tras el sonido «vidrioso», breves segundos de silencio y humo mucho humo, como la vida de los protagonistas.

José y su compañero salen del vehículo policial, como si nada, acostumbrado al peligro esto es pura «filfa», – trabajos de rutina – se decía a sí mismo – impertérritos se dirigen hacia el Seat del afamado delincuente, dan un golpe al capo del mismo, el joven está en blanco no tiene escapatoria, el joven agente divisa el «Mercedes» de Jordi, también en blanco – ¿on amago la borsa?, mare meva-, se encontraba en un aprieto, debía reaccionar pronto, o ser descubierto, divisaba un bar de carretera cercano, estaba muy cerca de la «medianoche» muchos «compatriotes» estarían intercambiando fluidos a estas horas, con mujeres que aunque no catalanas, perfectamente integrables, en plena época de «destape».

El joven agente se dirige a Jordi, con altas expectativas de encontrarse con alguna bella turista Alemana, o un rico o afamado empresario Francés, o algún sujeto por el que compense preocuparse, los elevalunas del Mercedes deportivo se abren Jordi exclama suave y sumisamente – Bona tarda – ¿Quien tarda que? – responde instintivamente, el joven agente a la defensiva, no sólo por ser novato si no por que otras lenguas que no fuesen Español, no las tenía ni en estima ni en dominio -. Jordi tan solo había usado su lengua materna aún así maldijo su suerte , lo que iba a ser solo preguntas de rutina, de cómo se encontraba y que esperase para levantar el atestado, se iba a convertir en un registro del vehículo en toda regla.

Mientras tanto el veterano agente, cogiendo por el cuello al joven «kinki», y sacudiéndole como una alfombra, mientras se fumaba un «ducados», le hacía repetir – si no eres ministro, robar esta mal visto – vamos repite!!! – el joven apenas, podía repetir la frase, entre sacudida e impacto con el capo del coche, tenía poco tiempo para memorizar, ni siquiera una sencilla frase como esta -.

Al final del registro el joven agente visiona en el asiento del pasajero delantero una bolsa de color negro, su colega usaba las bolsas para otros menesteres, aunque para usos diferentes, su colega y el registrado tenían debilidad por ellas. – a ver, a ver, joer!!! y usted, ¿para que quiere tantos billetes?, –per fer «país»– responde secamente y un poco indignado Jordi, el joven agente, como si no tuviera suficiente que mostrará sus carencias con la lengua de «Pla», no estaba ni preparado ni con ganas para soportar un lenguaje «críptico» y «Errejoniano», de aquel pequeño Hombre que con mirada desafiante, observaba al joven servidor de la ley, como si fuese entrevistado por Alarico Jomeini Loscientos.

-Un momento, a ver que hacemos con usted – explica a Jordi el agente mientras se dirigía a su veterano compañero – José Haymiedo, conocía al susodicho y visto la bolsa con semejante fajo de billetes, le vino a la cabeza que tenía que comprar un subfusil de asalto para su hijo que acababa la EGB, y que tenía que renovar el ajuar de armas de precisión, miro a su compañero, miro a Jordi, el «torete» esposado en un ciprés del borde de la carretera, observaba como cual perro encadenado, que hacían lo mismo que el, pero con estilo, discreción por España o por Catalunya, que siempre quedará mejor que por ser un «kinki» de la mina.

Con un gran complejo de culpa, no por el latrocinio, si no que ante tanto amasijo de dinero fraudulento, el pobre chico, no pudiera disfrutar de la parte que le corresponde como individuo que se salta la ley, –per la integració d’aquest xarnego a Catalunya– exclamaba exultante Jordi, añadiendo ambos agentes -si eres un robaperas al lado de algunos de nuestros jefes en el gobierno civil-concluían sonrientes-, lo desatan, se abrazan en comandita sudorosos, el joven, experto en el atraco de cercanía, coge las llaves del Mercedes, que aunque dañado lateralmente, perfectamente operativo del bolsillo de Don Jordi, y velozmente pasa a de manos la bolsa con el fajo de billetes de curso legal, que eran lo único no ilegal que había sucedido esa noche de Diciembre de 1979, en una carretera de cuyo topónimo en Castellano no quiero acordarme (Don Jordi al parecer tampoco), de la costa brava. Jordi y los agentes volvieron en su Talbot, para acordar «mordida» y evitar males mayores, que en la recién estrenada democracia y por la «estabilidad» (no confundan esta palabra con establo ni rebaño), casi el cadáver de Franco recién enterrado, – no íbamos ya a empezar a corruptos en la cárcel – decía para sí José, el veterano policía-concluía su compañero – si «pa» más adelante -. Jordi estaba ensimismado que excusa inventaría al llegar a su domicilio, ¿Me comió los billetes un perro?, ¿No hi ha ni cinq al banq?, mientras creaba una historia verosímil, las curvas del Garraf, le daban un mareo muy desagradable, era un día para olvidar.

José decidió cambiar de rumbo, que – con este buga, y la pasta – hay suficiente para pasar una buena noche de juerga en Lloret de Mar – mientras pensaba esto, le vino a la cabeza una cosa que le decía un vecino de pequeño.. Ya se sabe que quien roba a un ladrón, cien años tiene de perdón.

 

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