Pablo Iglesias: «Pienso traer a mis hijos a estudiar a Cataluña, para que dominen el castellano mejor que Pérez Reverte.»

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La Generalitat implantará chips a los docentes para que reciban descargas eléctricas cuando hablen en castellano.

Ante la polémica por el supuesto acoso en redes sociales a la familia de Canet de Mar que solicitó para su hijo de cinco años un 25% de horario lectivo en castellano en la escuela, y la decisión del Tribunal Supremo avalando que se aplique dicha cuota de castellano en las escuelas catalanas, el ex líder de Pablemos, Pablo Iglesias, ha vuelto a afirmar en TV3 (que, desde que ya no sale diariamente en La Sexta, parece haberse convertido en “la seva”) que «cualquier especialista en educación [como, sin duda, es él] reconoce que la inmersión lingüística es un modelo de éxito» y que «nadie [sic] lo discute en Cataluña». Añadiendo, para rematarlo, que quienes se atreven a cuestionar ese modelo no son demócratas, y que defender una cuota de castellano en la escuela es cosa solamente de la ultraderecha, que anda muy envalentonada.

Tan apasionada resultó la defensa que el ex líder pablemita hizo del modelo educativo de la inmersión lingüística en Cataluña que, en privado, parece ser que llegó a afirmar que estaba estudiando seriamente la posibilidad de no llevar a sus hijos (y de la ministra/ministre Montero) al puntero colegio de élite con Diploma de Bachillerato Internacional que tiene a ocho minutos en coche de su casa-mansión de Galapagar y, en lugar de ello, matricularlos en cualquier escuela pública catalana, preferiblemente del extrarradio de Barcelona y con alta proporción de alumnado inmigrante.

“Las estadísticas demuestran que los estudiantes catalanes obtienen mejores notas de Castellano en las pruebas de Selectividad que los de Valladolid y, por supuesto, que los de Sevilla, que, como decía Artur Mas, casi no se les entiende cuando hablan”, parece ser que siguió defendiendo Pablemos, ya fuera de cámara. “Y, como yo quiero lo mejor para mis hijos, hijas e hijes, pienso traerlos a estudiar a Cataluña: para que dominen el castellano mejor que Pérez Reverte, que nunca tuvo la suerte de que lo inmergieran.”

La valiente apuesta por la inmersión que estaría dispuesto a hacer Pablemos para sus hijos contaría, por supuesto, con el aval de los prestigiosos especialistas en educación filovergentes y cupaires a los que él mismo hacía alusión en su entrevista, los cuales habrían descubierto que la mejor manera de dominar un idioma es no verlo ni por asomo en la escuela, y dejar que los niños, las niñas y les niñes lo aprendan libremente y sin traumas ni coacciones viendo Netflix, siguiendo en Internet a influencers y youtubers de los que dicen concreto en vez de cemento y followers en lugar de seguidores, o jugando en la calle al churro mediamanga mangotero, si es que queda aún algún pequeño mostrenco que se divierta haciendo esas animaladas.

La mejor manera de dominar un idioma es no verlo ni por asomo en la escuela, y dejar que los niños lo aprendan viendo Netflix o siguiendo a influencers y youtubers.

Evidentemente, cosas tales como la ortografía, la gramática, la riqueza léxica o el dominio del registro culto de una lengua son antiguallas pasadas de moda, al menos en lo que al castellano se refiere, y no vale la pena hacerles perder a las criaturicas el tiempo en clase con ellas, cuando pueden dedicarlo a hacer talleres de Minecraft o de confección de esteladas tridimensionales con botellas recicladas de ratafía, que fomenta el comercio de proximidad y la recuperación de las tradiciones populares catalanas.

Por otro lado, y ante el gravísimo ataque contra uno de los pilares fundamentales de la convivencia en Cataluña que supone la injusta y antidemocrática imposición judicial del 25% de horas lectivas en castellano, el Departament de Educació de la Generalitat de Catalunya ya ha anunciado que intensificará el trabajo del Cuerpo de Inspectores (vulgarmente conocidos como comissaris lingüístics) en todos aquellos centros donde los padres castellanohablantes hayan solicitado la aplicación de dicha medida, para asegurarse de que no se pronuncie ni una sola palabra más en castellano de las estrictamente necesarias.

Y no se descarta la implementación de otras medidas complementarias que podrían ser incluso más efectivas, como la contratación de traductores auxiliares para garantizar los derechos de los niños catalanohablantes en las clases que hayan de ser impartidas, por decisión judicial, en castellano (incluyendo también, por supuesto, la traducción a la lengua de signos; la lengua de signos catalana, claro: no las de los colonos sordos invasores y fascistas), o incluso la implantación obligatoria de chips inteligentes con software de reconocimiento lingüístico bajo la piel de todo el personal docente, programados para castigar con descargas eléctricas de intensidad media-alta a los hipotéticos maestros botiflers que se atrevan a hablar en español a sus alumnos fuera de las horas para ello programadas.

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