Pedro Sánchez se ofrece a hacer el amor y no la guerra
Nos decía hace ya cosa de un año la Ursulina Von Der Lechen que teníamos que dejar de gastarnos los cuartos en frivolidades como hospitales, escuelas o pensiones de jubilación para los vejestorios y empezar a invertirlos en aviones y misiles, que a la larga son lo que «renta», tal como están las cosas. ¡Manda güebs! Y que fuésemos pensando en apañarnos para nuestras casas un buen «kit» atómico de supervivencia por si cualquier día de estos empezaban a llovernos del cielo pepinos nucleares con la marca del Putin o, en su defecto, algún meteorito de esos que matan dinosaurios y todo lo que pillen, que el Bruce Willis anda muy cascao y no está ya para meterlo en cohetes.
Pero ahora, la presidenta de la Comisión o del Bundesreich o como se llame el eurochiringuito ese en el que ella manda, se ha engrescado todavía más y ya directamente nos está diciendo a los europeos, o a lo que quiera que seamos los que vivimos en este cacho del mundo, que yo ya no tengo muy claro ni qué es lo que somos, que tenemos que apuntarnos a todas las fiestas salvajes que nos monten el Pato Donald Naranjito Trump y su amigo el Herodes Mataniños Netanyahu: que si el uno se dedica a desintegrar palestinitos a bombazos para que no se conviertan en terroristas cuando crezcan, vaya, ni en terroristas ni en ninguna otra cosa, el otro tampoco le va a la zaga, porque cuando no está bombardeando niñas en Irán, está levantándoles la falda para ver de qué color llevan las braguitas en la Isla de su otro (ex)amigo, el oportunamente difunto Epstein.
Porque la Ursulina de los cojones es como el menda aquel del chiste del Eugenio que decía: “El otro día vi por la calle a cuatro matones que estaban dándole una paliza de muerte a un pobre tipo que estaba tirado en el suelo y yo pensaba: ¿Me meto o no me meto? ¿Me meto o no me meto? Y al final me metí y entre los cinco le pegamos una que no veas”. Así de claro nos lo ha dejado, no se ha cortado ni un pelo: que como a los yankis los tratados internacionales se la traen mismamente al pairo, como las resoluciones de la ONU no sirven ni para calzar una mesa coja, y como en el mundo no hay juez ni fiscal capaz de meterse con Trump ni con sus amigos después de las sanciones que le han metido a la Francesca Albanese, que la pobre ya no puede ni sacar dinero de un cajero automático después de denunciar lo de Gaza, lo mejor es decirle al patrón que amén a todo y que, si te la quiere meter por detrás, tú mismo le des abierto el tubito de vaselina.
Y claro, más de uno y más de dos han puesto el grito en el cielo, empezando por el António Costa, que es el presidente de otro eurochiringuito de esos que no sé ni cuántos hay, y todos funcionando a base de nuestros impuestos, manda güebs, y que le ha contestado que no, que Europa tiene que defender el multilateralismo y un mundo basado en normas, y que tenemos que seguir soñando el nuevo sol en que los hombres volverán a ser hermanos, y que haz el amor y no la guerra, y que hay que fumarse la hierba y no pisarla, y que queremos los tanques llenos de cerveza. Y todos le hemos aplaudido y le hemos hecho la ola, y yo el primero, que a mí a hippy no me gana nadie y para eso me fumé más porros que nadie escuchando al Sisa en el Canet Rock cuando era mozuelo; pero, mientras tanto, a ver quién lo pone el cascabel al gato. O bueno, al pato. Al Pato Donald Trump, me refiero.
Y al que también andamos ahora todos haciéndole la ola y aplaudiéndole hasta con las orejas es al Pedrito Sánchez, que le ha cogido gusto a eso de las poses toreras y se pasa todo el día haciéndole pases de pecho al Miura del Trump, oooole, oooole, diciéndole que no le va a dejar usar las bases ni para atacar a Irán, ni para invadir Groenlandia, ni para nada que no esté en los acuerdos aquellos que firmaron Eisenhower y Franco en los años cincuenta y gracias al cual los yankis se olvidaron de que Franco había sido coleguilla de Hitler porque lo importante era que ahora estuviese contra los comunistas, y que con tanto gracejo sevillano nos acabó renovando el prestidigitador de Felipe González después de dejarnos a todos con dos palmos de narices con el referéndum tramposo aquel de la OTAN.
Pero que vaya; que si prestidigitador era González, no menos prestidigitador es Sánchez. Debe ser algo que viene de regalo cuando te dan el cargo de mandamás del PSOE. Porque, mientras marca taleguilla como Paquirri delante de Bárbara Rey y encandila al personal con su sonrisa de Gary Cooper y el cartel de “no a la guerra”, va ni corto ni perezoso y nos manda a una fragata a Oriente Medio a proteger las bases militares inglesas de Chipre por si se les escapa algún pepinazo a los iraníes. Y avisa que no descarta, incluso, enviar otros cuantos barcos más al Golfo Pérsico, siempre y cuando sea dentro de una “operación defensiva” y que se apunten también a la fiesta el Macron y algún otro, para no ir él solo.
Porque claro: defenderse frente a los que se defienden, no sólo no es una operación de guerra, sino que es una operación recontradefensiva. Que a nosotros, a defensivos, no nos gana nadie. Y eso no tiene nada que ver con lo de meterse en la pelea que decía el Eugenio y darle una paliza al otro entre los cinco, no, no, qué va; eso te lo parece a ti porque le tienes manía a Sánchez y en el fondo eres un poco facha. ¡Manda güebs!
Y es que al final acabarán lloviéndonos los pepinos y no sabremos ni de dónde vienen: si nos los manda el Putin, el Trump, el Netanyahu, los iraníes o la marina de guerra de Andorra. El otro día se lo decía yo por guásap al Garrido: que si se monta una guerra de las gordas y se va todo a tomar por culo, que se coja el Suzuki y se venga pa’l terruño a ayudarme con los bichos y con el huerto, que aquí siempre tendremos un par de nabos que llevarnos a la boca… Bueno, eso se lo escribí pero luego lo borré, porque parecía un chiste de los del Arévalo. Que si me ayuda él con la financiación, podíamos comprar unos cuantos lechones ibéricos y dedicarnos al jamón de bellota. Y que a lo mejor, con lo de la lluvia radiactiva, nuestros calabacines mutantes podrían entrar en el Libro Guiness de los Records.
El Farragüas.
Villanueva de la Serena. Marzo de 2026.

