La Infanta Cristina, una nueva víctima del Sistema

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Cristina de Borbón, pese a haber sido absuelta por el caso Nóos, deberá pagar una multa de 265.000 euros. Su marido, Iñaki Urdanganrín, es condenado a 6 años y 3 meses de cárcel. Asqueada por el fallo, anuncia que marchará a vivir a Lisboa.

En España hay millones de parados, miles de desahuciados y estafados por las cláusulas suelo, desigualdad social, pobreza infantil, pobreza energética… y también Cristina de Borbón. El reciente fallo del caso Nóos, que absuelve a la Infanta pero la condena al pago de una multa de 265.000 euros como “partícipe a título lucrativo” es un claro ejemplo de una justicia supuestamente “progresista”, pero que en realidad está guiada por la envidia y el resentimiento social. “Cristina de Borbón tiene diagnosticada una enfermedad rara, el llamado síndrome de Amnesia Conyugal (ASCO). Y en vez de absolverla por completo, por razón de su dolencia, la condenan al pago de una multa elevada. Es una clara muestra de venganza social. En este país no se puede ser rico, guapo y con glamour”, declaró Bernardo de Arriaga-Fitzjames y Espinosa de los Monteros, duque de los Junquillos y presidente de la plataforma “Ricos y Aristócratas por la Justicia Social (RIASUCIA)”. Según Arriaga-Fitzjames y Espinosa de los Monteros, ahora, el único consuelo que hipotéticamente le quedaría a Cristina de Borbón sería recibir un mensaje en el móvil “de alguien”, apoyándola y solidarizándose con ella. “Al estilo de Luis, sé fuerte o Ánimo, compi yogui”. “Desgraciadamente, es el único consuelo que nos queda a los ricos injustamente condenados en nuestro país”, remachó.

El ASCO o síndrome de Amnesia Conyugal es una enfermedad rara que se caracteriza por ser tremendamente selectiva: tan sólo ataca a mujeres casadas de elevada posición e ingresos. Muchas famosas y personalidades, como Ana Mato e Isabel Pantoja, se cuentan entre sus víctimas. El síndrome provoca el olvido continuo y persistente por parte de la esposa de todos los detalles de la vida marital, preferentemente los económicos. “Si muchas veces te levantas por la mañana y te preguntas: ¿Pero quién es este tío feo y peludo que tengo al lado?… ¿Cómo vas a recordar la procedencia del dinero que te da para comprarte los caprichos?. Es ridículo”, confiesa Chuchi de Sotogrande y Valdeiglesias, esposa de un magnate de la industria farmacéutica. “Lo que necesitamos no es represión, sino atención médica y mucha, mucha comprensión”, declaró, a la vez que manifestaba su “completa solidaridad” con la Infanta por la “injusta condena al pago de 265.000 euros”.

Desgraciadamente, el tribunal no tuvo en cuenta el eximente por enfermedad, que podría haber sido decisivo. Y ello pese a las claras muestras que dio la Infanta durante toda la vista oral de no hallarse en sus cabales, como lo demuestra el hecho de que repitiera continuamente las mismas frases: “no me acuerdo”, “no me consta”, “esas cosas las llevaba él” o “a mí que me explica”.

Desgraciadamente, el desenlace de este impresionante drama humano será, como tantas veces les ha ocurrido a los miembros de Casas Reales, el exilio. Asqueada, decepcionada con una justicia que considera “sectaria” y por una prensa “inmunda” que la ha sometido a múltiples “juicios paralelos”, perpetrados “por gacetilleros que apenas cobran el sueldo mínimo”, Cristina de Borbón ya ha anunciado que marcha de España -ese horrible país- y que se instalará en Lisboa, “porque ya se sabe que las repúblicas cuidan mejor de los aristócratas que las propias monarquías (Felipe, hermanito, toma nota)”.

Allí, al cuidado de un séquito de cerca de 200 empleados, entre sirvientes, mayordomos, amas de llaves, tutores, chóferes, asesores, abogados, médicos, secretarios, estilistas, jardineros, etc. piensa encontrar “la paz que no he encontrado en mi país” y “recuperarse de su enfermedad”. “En Lisboa recibiré tratamiento y me reuniré con otras esposas amnésicas de la alta sociedad con las que espero pasar largas tardes jugándome los cuartos al bingo”, declaró.

Finalmente, preguntada por el insignificante detalle de que su marido, Iñaki Urdangarín, también haya sido condenado a 6 años y tres meses de prisión, la Infanta de España, poniendo los ojos en blanco, comenzó a balbucear: “¿Iñaki? ¿Iñaki?… ¿Quién es ese tío?”.

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