Sánchez estrena un nuevo modelo de chilaba con ventanilla trasera para sus encuentros con el rey de Marruecos

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«España debería haber apoyado la Marcha Verde, que, como su nombre indica, es sostenible y ecológica»

El presidente del Gobierno de España, Pedro Elguaperas Sánchez, ha estrenado un nuevo modelo de chilaba con ventanilla trasera para sus encuentros de Estado con el rey Mohamed VI de Marruecos. «Es la solución más seria, realista y creíble para normalizar y mejorar la relación entre nuestros dos países», anunció el atractivo político español mientras hacía acopio de vaselina en el súper que halló abierto más próximo al Palacio de la Moncloa.

Esta renovación del vestuario oficial y de las normas de protocolo del Gobierno español ha coincidido con la decisión del presidente Sánchez de reconocer la soberanía marroquí sobre el Sahara Occidental, antigua colonia española que lleva medio siglo esperando que empiecen a cumplirse las resoluciones de la ONU sobre su proceso de descolonización e independencia, y lo que te rondaré morena. En concreto, ha tenido lugar conjuntamente con la decisión de Sánchez de poner solícitamente las posaderas a disposición del gordezuelo rey marroquí cada vez que éste decida ciscarse en los derechos humanos de los saharauis, en la seguridad de las fronteras entre Estados soberanos, en los derechos políticos y sociales de los propios marroquíes, y en toda la legalidad internacional en general como más le plazca.

Sánchez ha decidido poner las posaderas a disposición del rey marroquí cada vez que éste decida ciscarse en los derechos humanos de los saharauis, en la seguridad de las fronteras, en la legalidad internacional, y en los derechos políticos y sociales de los propios marroquíes.

La decisión no ha dejado de generar polémica ante la opinión pública y entre los diferentes partidos políticos, aunque, de hecho, no haya supuesto un auténtico cambio de posición respecto a la política de España frente al vecino Estado alauí, sino más bien un simple reconocimiento oficial de la postura de calzón bajado que se viene practicando con Marruecos desde siempre. O, al menos, desde que la antigua colonia del Sahara fuera despreocupadamente abandonada por el ejército y la administración colonial española, cuando Franco daba sus últimas boqueadas antes de palmarla y mientras el actual  Rey Emérito –por entonces aún principito de Asturias pero ya Jefe de Estado en funciones– inauguraba su “tradicional política de amistad con el mundo árabe”, que tan lejos le ha acabado llevando (concretamente, hasta Abu Dabi, huyendo de la Justicia pero forrado de petrodólares).

Por aquel entonces, y aunque las autoridades españolas se habían comprometido con la ONU a hacer para el Sahara un proceso de descolonización como Dios manda, con su referéndum de autodeterminación y con todas sus mandangas, a la hora de la verdad decidieron largarse a la francesa y dejar a los saharauis con el culo al aire –tal como ahora se ha quedado el presidente Guaperas– frente al papá de Mohamed, que era un señor casi igual de feo que su hijo pero con más cara de mala leche todavía que se llamaba Hassán II, y que era un rey autocrático de los que no necesitan Parlamentos ni Constituciones para hacer lo que les salga de la pera, ni de ningún otro sitio que también rime con Constituciones. Cosas, todas ellas, que también rigen para su hijo Mohametito, aunque a veces, éste, disimule mirando para otro lado, haciéndose el simpático y el «rey moderno», para que se le note un poco menos.

Y cuando el tal Hassán –que, además del de rey, tenía el título de Califa y de Comendador de los Creyentes y se declaraba descendiente del Profeta Mahoma– decidió montarse una alegre romería de chilabas a la que llamó “la Marcha Verde” para invadir el Sahara, con unos cuantos desharrapados caminando por el desierto con el Corán en la mano por un lado, y a un ejército moderno y equipado por los Estados Unidos arrasando las aldeas y los campamentos indígenas por el otro, los pobres saharauis se encontraron más vendidos que un jersey de Amancio Ortega rebajado en un outlet por final de temporada.

Cuando Hassán II se montó una romería a la que llamó “la Marcha Verde” para invadir el Sahara, los saharauis se encontraron más vendidos que un jersey de Amancio Ortega a final de temporada.

Precisamente refiriéndose a los antecedentes históricos del conflicto del Sahara Occidental, y a la responsabilidad española en el origen del mismo, el presidente Guaperas ha declarado que España debería haber sido más sensible a las reivindicaciones marroquíes sobre el territorio desde el principio, y haber apoyado abiertamente en su momento la Marcha Verde. “Porque, como su propio nombre indica, siendo una Marcha Verde, debía ser sostenible y ecológica. Vaya, una auténtica opción de futuro.”

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