La cumbre de la OTAN en Madrid prohíbe la ensaladilla rusa y la montaña rusa.

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“La OTAN es un club de democracias, y sólo acepta dictaduras cuando son de las nuestras y vienen bien recomendadas”

Los países reunidos en la Cumbre de la OTAN celebrada estos días en Madrid han tomado varias decisiones históricas: además de seguir extendiéndose hacia el Este por los países que fueron parte de la Unión Soviética o de su área de influencia –violando la promesa hecha por Estados Unidos a Mijail Gorbachev en 1990–, de amparar con su paraguas las acciones represivas de Turquía sobre la población kurda –incluso en territorio sirio o de otros países teóricamente soberanos–, y de no incluir expresamente a Ceuta y Melilla dentro del «territorio estratégico» de la Alianza –con lo cual se lavan las manos en caso de acción militar sobre dichas ciudades por parte de Marruecos–, han decidido también seguir estrechando el cerco sobre Rusia mediante diversas acciones simbólicas como prohibir la ensaladilla rusa en el territorio de todos los Estados miembros, mientras no concluya satisfactoriamente para los intereses de Estados Unidos la actual guerra de Ucrania.

Con ello no se haría más que continuar con la línea iniciada ya durante los últimos meses en numerosos países alineados con Washington frente al presidente ruso Vladimir Putin, con acciones tales como la destrucción de libros rusos en las bibliotecas y librerías ucranianas, la anulación de la presentación del Ballet Bolshoi en Londres y cancelación de giras de diversos artistas rusos en Estados Unidos, la prohibición de interpretar música rusa en Polonia o la decisión de retirar a Tchaikovsky de sus programas de conciertos por parte de varias orquestas europeas, a la vez que se promociona internacionalmente a formaciones ucranianas sucedáneas y más o menos de segundo nivel como el Ballet de Kíev, que de momento parecen lejanas de igualar a sus homólogas rusas, aunque desde luego se nota que lo intentan.

La propuesta de prohibición de la ensaladilla rusa realizada en la cumbre de Madrid ha sido recibida, sin embargo, con agrias manifestaciones de protesta por parte del gremio de hosteleros de la capital y de los de otras ciudades de España, que lo han considerado no tan sólo una injerencia de los intereses geoestratégicos norteamericanos en la soberanía gastronómica española, sino también como un grave atentado a los derechos humanos en un momento en el que las altas temperaturas reinantes en el país hacen imprescindible contar en el menú de bares y restaurantes, no menos que en el recetario tradicional de nuestros hogares, con tan delicioso y refrescante platillo, al lado de otros no menos refrescantes y españoles como el salmorejo, las papas aliñás, el salpicón de marisco o el gazpacho andaluz de toda la vida.

La prohibición de la ensaladilla rusa ha sido considerada un atentado a los derechos humanos por el gremio de hosteleros, y más en pleno verano, con lo fresquita que está y con lo bien que sienta.

Inmediatamente ha salido a tranquilizar a los hosteleros y consumidores españoles el Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, acompañado de la ministra de Defensa y el ministro de Consumo, Margarita Robles y Albertito Garzón, el de los filetes. “La cosa no es tan terrible como parece, y ya la resolvió hace décadas un gran estadista con silueta de botijillo y voz atiplada, muy amante de firmar penas de muerte y de entrar bajo palio en las iglesias, y de cuyo nombre preferimos no acordarnos por aquello de la (des)Memoria Histórica. Basta con cambiarle el nombre al producto y llamarle Ensaladilla Atlántica, y hacer, de ese modo, más universal aún a la ya muy prestigiosa cocina española y, por extensión, a la Dieta Mediterránea misma.”

Análogo problema se ha planteado respecto a la clásica atracción de feria denominada hasta ahora “montaña rusa”, y que a partir de ahora podría rebautizarse con nombres más adecuados para el momento histórico que estamos viviendo, tales como “trenecito ucraniano disparado hacia el borde del abismo” o “violentos altibajos en el gráfico de la Bolsa que reflejan la subida del precio del gas y de otros combustibles”.

No obstante, el intento de incluir en este lote de medidas alguna referencia al tradicional juego de la “ruleta rusa”, popularizado por la película “El Cazador” a finales de los años setenta, ha contado con la decidida oposición de la todopoderosa Asociación Nacional del Rifle, para la cual cualquier intento de regulación de la tenencia y uso de armas, bajo el modo y con la finalidad que sea, va en contra de la sacrosanta Segunda Enmienda de la Constitución norteamericana. Finalmente, los desacuerdos al respecto entre el noruego Jens Stoltenberg y los herederos de Charlton Heston fueron resueltos gracias a los buenos oficios del Presidente Joe Biden, con la inclusión en los acuerdos de la Alianza de una apostilla según la cual, a partir de ahora, únicamente se podrá jugar a dicho arriesgado juego de azar si se utiliza para tal fin, únicamente, munición fabricada por empresas norteamericanas.

Con respecto a las miles de personas que se han manifestado también estos días contra la cumbre de la OTAN por las calles de Madrid, los presidentes Biden y Sánchez las han desautorizado mediante la emisión de una nota en la que se reitera que la OTAN es, desde su origen, un gran club de democracias y de países que respetan los derechos humanos, y que cuando se les cuela de vez en cuando alguna dictadura como les pasó con Portugal en el 49 o con Grecia o con Turquía en los años sesenta, ello siempre es porque vienen bien recomendadas y porque son dictaduras “de las nuestras”, es decir, de toda confianza y dirigidas por gente de bien, como Dios manda; no por desharrapados en chándal como Maduro u Ortega.

 

En memoria de Eugenio, a quien le hemos copiado desvergonzadamente el chiste. En los clásicos, todos entramos a saco.

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