Pedro Sánchez nos ha metido un chip manipulador en el cerebro con las gafas para ver el eclipse
¡Mecachis con la Bonnie Tyler! Mira que morirse justo en vísperas del eclipse de sol este que hemos tenido por España y por otros lares del mundo mundial y que tanto rebombori[1] le han estado dando por todas partes… Con la de bailes agarraos que nos hemos pegado en nuestros años mozos con su cancioncita esa del Eclipse total del corazón, que era de las que ponía tiernecitas tiernecitas y a punto de caramelo a las gachises, vaya, a las gachises y a nosotros, que aunque algunos seamos del Carmelo y tengamos cicatrices de las piteras[2] que nos hacíamos en las peleas a pedradas cuando salíamos de la escuela, también tenemos nuestro corazoncito y no todo va a ser ir desesperao por arrimar la cebolleta…
Aún m’acuerdo de aquellos ojazos azules de la Bonnie Tyler, de un azul tan azul que parecía pintado para la foto, que en aquella época no había ni Photoshop, ni IA, ni pollas en vinagre, y de la melena crespada y los rayos láser que le salían de las orejas en la portada del disco, aquella melena tan de los 80 y que tan bien les quedaba a algunas, como a ella o como a la leona de la Tina Turner o como a la morenita aquella tan mona de las Bangles que cantaba lo de Eternal Flame, pero que luego aquí en las peluquerías de barrio pillaban por banda a tu novia o a la vecina aquella a la que te gustaba espiar por la noche desde la ventana de tu cuarto, que siempre te delataba la luz del Ducados que te estabas fumando mientras la mirabas y entonces la pava se quedaba con la copla y bajaba la persiana de golpe, bueno, decía, en la peluquería del barrio pillaban por banda a tu novia o a la vecina de marras y querían hacerles el mismo cardado, pero salían de la pelu que parecían la Novia de Frankenstein, probrecinas. Pero al final te daba igual, porque tú tampoco te parecías al cantante de Duran Duran ni a ninguno de los guaperas de la época y, con la poca luz que había en la discoteca, cuando ponían las lentas todos acabábamos pareciéndonos, como los gatos de noche, al Travolta y a la Olivia Newton John. O con esa ilusión íbamos tirando.
Pues de todo eso y de algunas cosas más estuve yo la otra noche hablando con el soplagaitas del Garrido, que volvió a presentarse por mi queli del pueblo con la excusa de que quería ver el eclipse y la lluvia de las Perseidas en algún sitio en que no hubiera aglomeración de gente ni contaminación lumínica, que mira que es relamido el tío largando, contaminación lumínica, manda güebs, con lo sencillo que es decir que quería ver las Lágrimas de San Lorenzo desde algún sitio que estuviera bien oscuro. Pero qué va, que lo que quería de verdad el pavisoso del Garrido era restregarme por la cara la pavita nueva que se ha apañado, el gachó, que andaba a dos velas desde que lo largó la siesa de la Blanca y ahora se ha echado una novia fina fina filipina, una Teresa Serrat de las de verdad, con torre en la Costa Brava y adosado en Vallvidrera, recién divorciada, rubia teñida con mechas y en el punto exacto de plenitud madura. Y que se la había agenciado, por lo que el mamoncete contaba, en un curso de verano sobre Arqueología de la Antigüedad y Textos Clásicos (he tenido que mirar el título en Internet, porque a mí todos los rollos estos de griegos y de romanos de los que habla siempre el Garrido me suenan un poco prosopopéyico, ¡ahí es na!) que estaba impartiendo en la Universidad, aprovechando el tirón del truño insoportable de la Odisea del Nolan. Para no parecer un julai mirando embobao a la Teresita llamé a la Manuela, no pregunten más, para cuadrar la cosa.
–¿Habéis visto al pirado de Miguel Bosé en las redes, diciéndole a la gente que no mirase al eclipse? –Preguntaba la chati del Garrido, con un acentillo que no era de pija de Pedralbes pero que sonaba a gente estudiada y con clase.
–Tendrá miedo de que, con las gafas homologadas, Pedro Sánchez te meta algún chip manipulador en el cerebro, como con la vacuna del COVID –respondía el Garrido sin quitársele de la cara la sonrisa bobalicona de tortolito recién cazado que traía desde que se había bajado del coche.
–A los terraplanistas lo que les irrita es que la Física y la Astronomía ofrecen modelos exactos para predecir la duración y el recorrido de los eclipses en base a las respectivas órbitas del Sol, de la Luna y de la Tierra, mientras que su modelo de un disco plano cubierto por una cúpula transparente sobre la que se desplazan un sol y una luna del mismo tamaño y siempre a la misma distancia de la Tierra es incapaz de predecir ni explicar absolutamente nada. –Y, ante la cara de pasmo que se nos puso tanto a mí como al Garrido, la moza añadió, sonriendo y bajando los ojos con una encantadora modestia– Bueno, a mí me lo ha explicado mi hijo, que se está doctorando en matemáticas.
Aquí el Garrido se picó ligeramente y, para no quedar delante de su chati como un cateto indocumentado, se puso en plan catedrático pedante, porque la cabra siempre tira al monte:
–El terraplanismo no es más que una de las múltiples manifestaciones del irracionalismo anticientifista con las que ciertos grupos de poder económico, apoyados en el control cada vez mayor de las redes sociales, pretenden (y, por desgracia, consiguen) hacer dudar a cada vez más gente de realidades más que evidentes y demostradas pero incómodas para la buena marcha de sus negocios, como el cambio climático o el agotamiento de los recursos naturales, con la finalidad de que una población cada vez más desinformada sea capaz de aceptar acríticamente los discursos simplistas de la ultraderecha y que ésta acabe pudiendo imponer, mediante mecanismos formalmente democráticos, sus programas políticos de destrucción de los derechos sociales y libertades individuales. Derechos y libertades que han sido duramente conquistados por las clases populares durante los últimos doscientos años.
El terraplanismo no es más que una de las manifestaciones del irracionalismo anticientifista con las que ciertos grupos de poder económico pretenden que una población cada vez más desinformada sea capaz de aceptar acríticamente los discursos de la ultraderecha
–Bueno, pero el cientifismo también es con frecuencia en sí mismo chato y de corto alcance. Que algunas realidades no hayan sido, aún, científicamente probadas no significa que no puedan serlo en el futuro. Piensa en la telepatía… los físicos hablan de conexión cuántica, algunos incluso especulan sobre una conciencia desvinculada de la materia. –Contraatacó la rubia.
El Garrido empezaba a ponerse nervioso, la chati no sólo estaba buena sino que era inteligente y encima le llevaba la contraria. Estaban los dos un poco cargantes con su diatriba y la Manuela me miraba interrogativa: ¿de dónde has sacao a estos pijazos?, entendí. Por suerte para mí, las que yo me busco prefieren la salsa a la física cuántica. Sin desmerecer el nivel intelectual de la Manuela, todo sea dicho.
–Bueno. Pero aquí de lo que se trata no es de las cosas que aún no han sido demostradas, sino de las que sí han sido demostradas y que ahora hay legiones de orates que se dedican a negar con convicción de fanáticos. Los creacionistas, los antivacunas, los negacionistas climáticos… Este año y el pasado, tenían la santa barra de echarles la culpa de los megaincendios a los ecologistas.
–Pero no me dirás que no es un disparate que la gente no pueda sacar las cabras al monte con la de matojos secos que hay por todas partes –intervine yo para atajarle la vena woke, que el Garrido enseguida se pone en plan farigola.
–En el monte no hay pastores porque se los han comido las macrogranjas. Y el cambio climático es un hecho.
–El clima ha cambiado siempre. Lo dicen los científicos. –Aduje.
–Sí. Y también dicen desde hace cincuenta años que ahora la actividad industrial humana es el principal factor acelerador del cambio. –Y va el gachó y de pronto metió un giro en su argumentario– ¿Y qué me dices del fanatismo religioso, de la propagación de las sectas evangélicas, que están detrás de todos los líderes de la ultraderecha en Hispanoamérica?
–En eso sí te doy la razón. Que desde que los jugadores de la selección de Brasil se han convertido en aleluyos, ya no son lo que eran antes porque su juego se ha vuelto aburrido, gris, sin alegría… olvidaron el “jogo bonito”. –Me amarré para ir cerrando el desbarre intelectualoide.
–¡Amén, hermano…! –remató la chati del Garrido, con una gran risotada que sonó como a cascabeles o a las cuentas de cristal de una lámpara tintineando.
Y aquella noche, por los ruidos que llegaban hasta mi cuarto, a Manuela y a mí nos pareció que el Garrido y su nueva novia se pasaron un buen rato buscando algo que no era el amor de Jesús precisamente. Pero no prestamos mucha atención, andábamos en otras cosas.
El Farragüas
Los Chozos del Arcipreste. Agosto de 2026.
[1] Jaleo
[2] Brechas
