El síndrome de asparrager hispanicus alcanza niveles de epidemia

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La comunidad médica española, bajo los auspicios del Ministerio de Sanidad, evalúa activar los protocolos de alarma dispuestos ante la proliferación de una epidemia. El síndrome de asparrager hispanicus, considerado al principio el resultado de una extraña disposición genética única en el mundo (todos los franceses, por ejemplo, pueden decir “Francia”, y los alemanes, “Alemania”, sin ningún tipo de problema, sea cual sea su filiación política), se ha venido a revelar como un virus y de los más contagiosos de todos.

El Ministerio de Sanidad ha contratado al eminente epidemiólogo de la Universidad de Cambridge (actual Reino Unido), el Dr. Steve McGuffin, para que realizara una urgente investigación sobre el terreno. Los resultados de su estudio son claros y contundentes, y los ha podido presentar antes del tiempo estipulado. <<Sí, se trata de una epidemia, no hay duda —declaró McGuffin—. Las causas todavía no están del todo claras, pero alguna relación directa guardarán con un hecho geográfico y otro político, esos sí bien especificados: la proporción de casos es sustancialmente más alta en regiones como Cataluña, País Vasco y, un poco menos, en Madrid (la cual se ve afectada, no por lo geográfico, pero sí por el condicionante político). Y, asimismo, los casos se disparan entre los ciudadanos que se proclaman “de izquierdas”, y cuanto más y más alto así se proclaman, más proclives son a contagiarse del asparrager hispanicus>>.

Aunque el determinar su origen requerirá otras más exhaustivas investigaciones, sus síntomas y detonantes son muy evidentes. <<Claro, es que estando en España, si se habla acerca de cualquier tema del país —no sólo política del día a día, sino también deportes, gastronomía, turismo, redistribución y justicia social— es muy difícil que no salga la palabra “España” (si estos mismos pacientes vivieran en Islandia o Nueva Zelanda, ya sería otra cosa…). Y lo peor es que no sólo activa todos los síntomas si se pronuncia la palabra (alucino con el gran poder que aquí demuestra el Subconsciente, a la hora de jugar malas pasadas), sino también cuando se la escucha, con lo cual el poder devastador de su onda de propagación es vastísimo>>.

Los principales síntomas consisten en el enrojecimiento de rostro y cuello, erupciones cutáneas por todo el cuerpo y retracción testicular y peniana, en el hombre, y vaginismo, en la mujer, además de sofocos y lengua pastosa en ambos.

<<Lo extraordinario de este reto —continuó McGuffin— es que escapa a la mera biología y también a la psicología básica, tal como hemos podido demostrar con distintos experimentos. A pacientes a los que aparentemente les resulta del todo imposible decir “España”, sin embargo si se les dice “¿la e con la ese?”, pronuncian con total facilidad y nitidez: “Es”… Luego se les dice “¿la pe con la a?”, y contestan con agilidad: “pa”… “¿La eñe con la a?”, y con autocomplacencia concluyen: “ña”… Pero entonces uno les dice por sorpresa y muy rapidito, acompañándolo de un pequeño manotazo estimulante en la mesa: “¡Ahora dilo todo junto! Es…pa…” Y en este punto algunos frenan en seco, se atascan hasta el ahogo, y los otros sí caen y gritan “¡España!”, pero entonces, tanto unos como otros, inmediatamente presentan, con virulencia, los síntomas ya descritos del asparrager hispanicus>>.

Preguntado sobre si, por otra parte, este síndrome no podría traer beneficios literarios para el país (España), toda vez que los contagiados son muy propensos a los más inverosímiles circunloquios y malabarismos lingüísticos, con tal de evitar a toda costa decir “España”. <<No lo creo. En Literatura, no. Es que, fíjense, si por no decir “España” se les desarrollara algo el ingenio poético, no dirían tan ramplona y tartamudezcamente “Estado español” o “Reino de España” (lo de “Reino de” actúa como eficaz antídoto al “España” que lo acompaña). Yo diría que ni siquiera desarrollan habilidades retóricas básicas. Tampoco es culpa de ellos: no se puede evitar decir “España” en España, y lo que no se puede no se puede, además que es imposible>>.

Algunas otras líneas de investigación médica apuntan a una posible relación entre la tendencia a padecer el asparrager hispanicus y bajos niveles de IQ (coeficiente intelectual). <<Eso sería apuntar demasiado lejos. En lugar de solucionar, plantearía más cuestiones: ¿Por qué en Cataluña y en el País Vasco más que en Extremadura y Cádiz? ¿Por qué en Cataluña, pero sólo en una parte menor de su población, y no en la mayor? ¿Por qué muchísimo más entre quienes proclaman bien alto que son de izquierdas, y no en la derecha, ni en el centro, y tampoco en los de izquierda que no lo viven proclamando a toda hora ni sustituyen los libros por afiches del Che Guevara? No, de verdad que no. La ciencia nos dice que todos los seres humanos somos estadísticamente iguales, con independencia de determinantes geográficos o de filiación política, y a eso me atengo>>, concluyó McGuffin.

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