“Puigdemont tiene un par de ostias que pa qué”

Ben Trovato, Mono-Lokio

La política ya empieza a cansarme. Todo es pura fachada: que si “cortesía parlamentaria”, que si el procedimiento, que si la legalidad… Y resulta que detrás hay un trapicheo y un pasteleo que te cagas. Empiezo a estar hasta los ovarios. Porque, aquí, entre nosotros, yo soy mu burra. Vamos, que me va la marcha. Tanto, que cuando estoy con los coleguis en las comisiones, en las ponencias, lo que me pide el cuerpo es meterle cuatro yoyas a todos esos parlamentaruchos pusilánimes, con sus trajes de Armani. A los españolistas los machacaría por eso, por existir. No tienen derecho a la vida. Y a los del Junts Pel Sí también, por cagaos. Dicen que son independentistas pero la verdad es que son casi españoles. Me gustaría plantarme en mitad del Parlament y gritar: “Se declara la Independencia sí o sí, mecagontó”, y empezar a repartir ostias con la mano abierta. Tengo una amiga en el mundo del Bondage y dice que doy el perfil de Dominatrix total. De verdad, tal como se lo digo. Que si me gusta calentar, que por qué no cobrar con ello. Hombre, es un salto un poco abrupto en mi carrera. Pero mercado, lo que se dice mercado, hay. Vaya que si hay. Cuando miro a los diputados  en plan mataora, les veo brillar los ojillos. Parece que lo están pidiendo a gritos. Ahí está el Oriol Junqueras, Junqui para los amigos. El pobre babea por mí. Seguro que si le dejo, me lamería las botas. A éste le va que le coloque los arreos y lo cabalgue sobre la giba, mientras le azoto suavemente con la fusta. ¿Y qué decir de Raúl Romeva, apodado cariñosamente He-Man en los corrillos parlamentarios?  Viniendo de donde viene, lo vestiría de chacha y le tendría todo el día limpiándome el polvo del piso. Y no sólo no se quejaría, sino que lloraría de emoción: “así me siento más cerca de la revolución violeta”, diría. Qué desgraciado. Pero seguro que al que le va la marcha es al Puigdemont, Compi Puchi en el ambiente. Éste, con esa mirada de miope y ese flequillo imposible, tiene un par de ostias que pa qué. Seguro que era el friki de la clase y ya le arreaban de pequeño. Y fijo que es de los que le gustan los numeritos. Al mandamás  de Cataluña creo que le iría el rollo caperuza de cuero con su cremallerita en la boca, me juego lo que sea. Y mientras me tiene vestida de groupie  de los Beatles (con ese peinado que gasta es lo más probable), igual me pide que le arree con un ejemplar de la constitución española. Porque el tío es raro de cojones. Aunque, pensándolo fríamente, este numerito no se diferencia demasiado de lo que ya es nuestra relación actual, salvando las distancias. Montárnoslo de esa manera sería como sincerarnos, como salir del armario, pero en plan sado.

Eso sí, mi amiga me aconseja que, si doy el paso, no abandone mis señas de identidad: peinado tipo casco de combate al estilo casco viejo de Bilbao, camisetas color violeta con eslóganes reivindicativos y, para rematarlo, botas “Marten” con puntera de acero. “Sin olvidar tu nombre de guerra: Catamazona”, me dijo, la muy burra.

Bueno, les dejo que tengo que boicotear una marca de compresas y denunciar por hetero-misogi-falocrato-patriarcal a un desgraciado que me dijo que tenía los ojos bonitos. Me gustó mazo, pero ése no es el tema. No hay que bajar la guardia, que luego se acostumbran.

One thought on ““Puigdemont tiene un par de ostias que pa qué”

  • LA SEÑORITA O SEÑORA DE CUYO NOMBRE NO ME QUIERO ACORDAR, DEBERÍAMOS DARLE UN SALVOCONDUCTO PARA QUE SE VAYA A CUBA PARA HACER LA REVOLUCIÓN NUEVAMENTE…PERO CON LA CONDICIÓN QUE LE PAGAMOS EL VIAJE DE IDA…PARA QUE NO VUELVA…ENCIMA HABRA ESTUDIADO GRATIS EN LA UNIVERSIDAD QUE HEMOS PAGADOS TODOS LOS GILIS…

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