“Soy más chulo que un ocho”

Ben Trovato, Mono-Lokio

“Soy tan, pero tan patriota, que me envuelvo siempre en la bandera española. Vamos, que por envolver, hasta envuelvo con ella a los muertos, metiditos en cajas de pino”

Yo es que nací a destiempo. ¡Qué época más miserable me ha tocado vivir! Ya no hay hombres. Todos son pusilánimes, cagaos, lloricas. Fíjense, si no, en el asunto del Yakolev. ¡Quejarse por haber mandado a la tropa en un avión que no reunía las mínimas condiciones para volar! ¿Pero qué se han creído? Cuando yo era joven, en la época que los hombres todavía eran hombres, los aviones no llevaban a los soldados… ¡si hacía falta eran los soldados los que portaban a hombro los aviones! ¡Y sin rechistar, oiga, que lo mandaba el capitán! Y ahora unos cuantos indocumentados me quieren tocar las narices. Total, por  un avión en estado calamitoso, por unos cuantos cadáveres mal identificados, por un informe del Consejo de Estado… Por , por mariconás.

¡Más cojones es lo que hace falta, joder! ¡Y más disciplina! ¡Y más jerarquía! Porque vamos a ver: ¿quién era el que estaba al mando cuando lo del asunto Yakolev? El menda. Y si el menda era el que ostentaba la máxima autoridad, ¿quién llevaba la razón? Pues el menda, como debe ser. Porque si yo digo que un avión está en condiciones, lo está. Y si yo digo que un ataúd hay que rellenarlo con un cadáver que no corresponde al titular, pues se rellena y santas pascuas.

Y ahora estos pardillos del Consejo de Estado me quieren enmendar la plana. ¿Qué sabrán ellos del Ejército y de morir en el cumplimiento del deber? ¿Saben ellos lo que es enfrentarse con una tropa de moros, al alba, con viento de Levante, como hice yo en época de Aznar? No, qué van a saber esa banda de pijos.

Lo malo es que el jefe, aunque al principio dijo que todo este asunto, con tantos muertos de por medio, se “había sustanciado hace muchos años” (porque ya se sabe que un asunto de muertos se sustancia sólo con dejar pasar el tiempo), ahora quiere salvar su cara política y ha mandao a la Cospedal a hacer el paripé con las familias de los difuntos. Que si perdonen, que si patatín, que si patatán. Una mariconá, vamos. Como si el morirse no les fuera a los militares en el oficio, como a mí el coche oficial y las dietas. ¡Será posible!

En fin, que el jefe (como todos los jefes) ha salvado con ello su culo pero ha dejado el mío completamente al aire. Pues , que si quieren mi cabeza, yo la ofrezco, que para eso soy más chulo que un ocho. Pero no me echáis, que lo sepáis. Me voy yo. Y con la cabeza bien alta. ¿Qué es eso de pedir disculpas, de hacer contricción, de intentar restañar heridas? Eso es de débiles, de delicaos, de nenes que se hacen caca por los pantalones con cuarenta años.

Lo que hace falta son hombres, joder. Hombres dispuestos a morir si su jefe les pide conquistar una colina o viajar en un avión cochambroso. Que unos hemos nacido para mandar y otros para morir.

Y sobre todo, que sepáis que todo esto lo hago por España. Que a mí, a patriota, no me gana nadie. Quiero tanto a mi rojigualda, que siempre que puedo, me envuelvo en ella. Hasta envuelvo con ella a los muertos, forraditos de caja de pino, fíjate tú.

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